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La protesta se hizo sentir

  • Alejandro Díaz

Alejandro Díaz

Para quienes creen que la protesta pacífica no tiene sentido, la semana pasada debe haberles sorprendido. A pesar de que aún podría haber más gasolinazos en el futuro cercano, la autoridad se sensibilizó por la gran molestia generada. No fueron tan imprudentes como para repetirlo. Por mucha necesidad de recursos, no pueden transferirle a la población más reducciones a su capacidad de compra.

Las protestas no fueron para menos. Cálculos conservadores indican que la población en promedio perdió al menos un tres por ciento de su capacidad de compra en enero. El aumento a los combustibles generó otros en cadena de prácticamente todo, de verduras a tortillas, de medicinas al transporte público. Pasamos de una inflación anual del cuatro por ciento a una mensual de tamaño similar. Para algunos fue pagar un poco más porque tienen recursos. Para la mayoría fue prescindir de mucho.

Hubo protestas por todo el país. Pacíficas y espontáneas la mayor parte, orquestadas algunas y las menos acompañadas con saqueos que no venían al caso. Los agentes de la autoridad en general se comportaron a la altura sin intentar impedir la libre expresión, pero en un par de casos en vez de impedir los saqueos se sumaron a ellos. Hubo de todo.

Cuando el Gobierno federal vio la magnitud de las protestas intentó dar razones y amortiguar la molestia. El aviso original fue escueto, sin dar la cara ni menos razones. En enero, ya en medio de protestas, el Presidente y el Secretario de Hacienda argumentaron tanto la necesidad de recursos como la justificación de los nuevos precios. No encontraron un ambiente receptivo porque saben que al norte del río Bravo los precios eran, y siguen siendo, más bajos y los mismos que antes del gasolinazo. Pero también porque el Gobierno no compartió el apretón.

Poco a poco no solo el Gobierno, sino todo el Estado, comprendió que si no reducen gastos, -y hacen visible esa reducción- la población no aceptará más incrementos. A falta de una orden clara de ahorrar y evitar dispendios, algunas secretarías anunciaron que reducirían gastos, unos gobernadores se sumaron a la reducción y hasta el INE anunció que no hará su nueva sede por el momento. Diputados y senadores han mandado señales dispersas sin concretar nada.

Si la autoridad desea hacer cualquier tipo de cambio va a tener que trabajar a marchas forzadas. Comenzar por transparentar los distintos rubros que conforman los precios. Decir con claridad cuánto es impuestos (IVA, IEPS, etc.,), cuánto en sí de gasolinas y cuánto de transporte y comercialización. Algo ha dicho, pero la gasolina en Texas -con todo e impuestos- es más barata que el componente anunciado, y el monto del IEPS es excesivamente alto. Debe reducirse a la mitad.

Finalmente, sin una declaración bien pensada y argumentada de los ahorros a que se comprometa el Estado (Gobiernos federal, estados y municipios, los otros dos poderes y los institutos autónomos), y que puedan ser visibles y supervisables, no podrán intentarse más gasolinazos sin levantar protestas.
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