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La próxima será el agua

  • Paul Krugman

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Una zona de desastre no es sitio para un teatro político. El gobernador de la Luisiana, devastada por las inundaciones, le pidió al presidente Barack Obama que pospusiera su visita personal mientras todavía se estuvieran realizando los esfuerzos de socorro. (Entre tanto, según todos los testigos, la respuesta federal sustancial ha sido infinitamente superior a la del Gobierno de Bush ante Katrina.) Le hizo la misma solicitud a Donald Trump y declaró, razonablemente, que si bien se recibiría con agradecimiento la ayuda, no sería así en el caso de una visita por el interés de realizar una sesión de fotografías.

Como era de esperar, el candidato del Partido Republicano llegó en avión, saludó de mano a algunas personas, firmó algunos autógrafos y lo filmaron sacando cajas de Play Doh de un camión. Si extendió algún cheque, no lo han mencionado, ni la coordinación de su campaña, ni nadie más. ¡Estupendo trabajo, Donnie!

Sin embargo, el comportamiento grosero y egocéntrico es lo menos malo. Con mucho, el mayor problema es que, aun cuando Trump hizo un esfuerzo torpe (y agarrado) para explotar el desastre más reciente de Luisiana para obtener ganancias políticas, siguió afianzando una posición política que hará que esos desastres sean cada vez más frecuentes.

Retrocedamos por un instante y hablemos del verdadero significado de las inundaciones en Luisiana.

En caso de que no se haya hecho el seguimiento, se debe saber que a últimas fechas hemos estado estableciendo marcas mundiales en temperaturas cada mes. ¿Se recuerda cuando los negadores del clima solían señalar al enfriamiento temporal que hubo después de un año inusualmente caliente en 1998, como la “prueba” de que se había detenido el calentamiento global? Siempre fue un argumento tonto y deshonesto, pero, de cualquier forma, ahora hemos excedido prácticamente todas las marcas anteriores.

Y una consecuencia de un planeta más caliente es que hay más evaporación, más humedad en el aire y, por lo tanto, más inundaciones desastrosas. Como siempre, no es posible decir que el cambio climático causó algún desastre en particular. Lo que sí se puede decir es que el calentamiento hace que sean más probables los eventos del clima extremo, de tal forma que, por ejemplo, las inundaciones que solían suceder cada 500 años, ahora están sucediendo casi en forma rutinaria.

Así es que la proliferación de desastres como el de Luisiana es exactamente de lo que nos han estado advirtiendo los climatólogos.

¿Qué podemos hacer? Las malas noticias son que hace mucho que debió haberse actuado drásticamente para reducir las emisiones de los gases invernadero. Las buenas son que las bases tecnológicas y económicas para tal acción nunca antes habían parecido mejores. En particular, las energías renovables -eólica y solar- se han vuelto mucho más baratas en los últimos años y se ve que es cada vez más probable que el progreso en su almacenamiento resuelva el problema de la inestabilidad (el sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla).

O, para expresarlo en forma diferente, enfrentamos un peligro claro y presente, pero tenemos los medios y el conocimiento para lidiar con él. El problema es la política; lo cual nos trae de vuelta a Trump y a su partido.

Es probable que no sorprenda enterarse de que cuando se trata del cambio climático, como con tantos temas, Trump ha caído en una profunda situación complicada, aseverando no solo que el calentamiento mundial es una estafa, sino que es una estafa fraguada por los chinos para hacer que Estados Unidos sea menos competitivo.

La cuestión es que no es el único que ha caído en ese abismo. En cuanto a otros temas, es posible que los republicanos traten de decir que su candidato presidencial no habla por el Partido que lo eligió. Ya estamos oyendo que Trump no es un verdadero conservador, que, en efecto, es un verdadero liberal, o, de cualquier forma, que los liberales son, de alguna forma, los responsables de su ascenso. (Mi teoría favorita en esto es una que tiene unos cuantos defensores y dice que yo personalmente causé el trumpismo por haber sido cruel con Mitt Romney.)

Sin embargo, cuando se trata de negar el cambio climático y la divulgación de extrañas teorías de la conspiración para justificar la evidencia, Trump está de lleno en la corriente dominante republicana. Es posible que esté diciendo tonterías, pero lo más probable es que cualquiera de los que era factible que escogiera su partido como candidato habría estado diciendo las mismas tonterías.

Es interesante preguntar por qué la negación del clima se ha convertido no solo en algo aceptable, sino en un requerimiento esencial dentro del Partido Republicano. Sí, el sector de los combustibles fósiles es un enorme donador del Partido. Sin embargo, con todo y eso, la vehemencia de la hostilidad hacia la climatología parece desproporcionada; hay que tener en mente que, por ejemplo, en este momento, son menos de 60 mil los mineros del carbón, es decir, menos de 0.05 por ciento de la fuerza laboral. Lo que está pasando, sospecho, es que la negación climática se ha convertido en una especie de insignia de la identidad de la derecha, por encima y más allá del motivo, todavía funcional, de recompensar a los donadores.

De cualquier forma, es factible que estas elecciones sean decisivas para el clima, de una forma o de otra. Obama tomó algunas medidas serias para abordar al calentamiento mundial, y hay muchas razones para creer que Hillary Clinton continuaría con este impulso por medio de los decretos presidenciales si tuviera que encarar a un Congreso hostil. Dados los avances tecnológicos de los últimos años, este empuje podría ser justo suficiente para evitar los desastres. Donald Trump, por otra parte, haría todo lo que estuviera en su poder para destruir al planeta, con el entusiasta apoyo de su partido. ¿Entonces, cuál será? Manténgase en sintonía.