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La realidad manda / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

La euforia por la visita de un papa Francisco, fuera de serie, no puede ocultar la realidad angustiante. El incremento al precio de la tortilla acabará por vaciar la cartera del ama de casa, a la que le resulta imposible estirar más los magros ingresos.

Apareció de súbito. De forma inesperada, el alimento cotidiano de los aztecas se fue a las nubes. Empezó en algunos estados del norte se corrió al sur y en el centro, empieza a galopar.

Comenzaron, como siempre, las justificaciones del lado que subió el producto y los titubeos oficialistas, en el empeño de declarar que no hay causa para la subida y que tendrán que dar marcha atrás. La sociedad, consciente de su ancestral destino, sólo comenta: ¡a palo dado ni Dios lo quita!

El estratosférico señor Carstens, del Banco de México, se pone serio y, en pocas palabras deja de hablar de “catarritos” para pronosticarnos pulmonía. El virrey de Hacienda, Videgaray, acelera ajustes, ahora sí puede que asustado de la falta de optimismo, de alguien tan conocedor de la economía y las finanzas, como el rollizo don Agustín.

El futuro pinta color de hormiga, aunque quienes de pronto vemos el vaso medio vacío, lo esperábamos a corto plazo. O, ¿se puede tener una devaluación del peso, como la que cargamos, en un país en el que se vive en gran medida de la importación, sin que repercuta en los costos y precios al consumidor?

Nadie puede ser tan inocente, como para pensar que íbamos a seguir con la presunta “inflación más baja de la historia”, con un peso cada día más raquítico. Desde los primeros días del año encontramos a los empleados de los grandes almacenes y de las cadenas de supermercados, reetiquetando las mercancías. Lo mismo subió los productos extranjeros, que los nacionales.

El comercio se supone que se había frenado, en su reconocida voracidad, temeroso de que se le cayeran las ventas. En vista de que no ocurrió se destapan y aceleran hacia arriba, a fin de recuperar la baja en el margen que tuvieron.

El caso de la tortilla simboliza la próxima tragedia. A partir del alza seguirán artículos de primera necesidad, además de todo aquello que se relacione con el consumo del pan azteca, incluidos los tacos de canasta.

Si a quien no le queda otro remedio que comer en la calle –por las necesidades de los horarios de trabajo-, va a gastar más en sus alimentos, o se verá obligado a reducir la cantidad, o incluso, a quedarse en ayunas.

El desmedido incremento a la tortilla, de acuerdo a los productores, se debe al aumento en la tonelada de maíz, que según ellos pasó de 3 mil 900 pesos a 5 mil, debido a la devaluación.

A sus argumentos respondieron dirigentes, como Ramírez Cuéllar del Barzón, que insisten en que es falso y todo se debe a las empresas que controlan el mercado de las harinas, que son las del impresionante negociazo. Se menciona a Maseca (Gruma), Minsa, Cargill de México y alguna otra, que se manejan con márgenes de utilidades entre el 100 y el 200 por ciento.

Para la familia el golpe es de los que sacan moretón, pues según el INEGI el preciado alimento consume el 8.3 por ciento, del gasto de los hogares, por encima del de la leche y los refrescos, 5.4 por ciento o el 4.44 de pollo y carne.

La UNICEF recién se refirió a la desnutrición de nuestros niños e hizo hincapié en que urge voltear la mirada al problema. El aumento a la tortilla reducirá aún más, las posibilidades alimentarias de millones de personas. ¿Habrá forma de detener la amenaza de una espiral inflacionaria? De acuerdo a la eficiencia oficialista se ve difícil.
catalinanq@hotmail.com

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