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La resistencia Talibán / Poder Nacional / Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada

LONDRES. Desde diciembre de 1979, cuando comenzó la invasión de la Unión Soviética a Afganistán, y hasta 1989, Estados Unidos auspició con dinero y armas, a lo que entonces era considerada la principal resistencia local, encabezada por una multiforme asociación de facciones conocida como Muyahindín o combatiente islámico. Esos grupos serían el antecedente inmediato de los Talibán.

Con una larga experiencia en combates, a su vez, serían derrocados por la invasión de Estados Unidos, originada por los atentados del 11 de septiembre de 2001, en donde tuvieron que ver, conforme a las investigaciones de la CIA, el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa, con la organización, financiamiento y ejecución de dichas acciones terroristas. Luego de 14 años de presencia militar de la Organización del Tratado Atlántico Norte, la declaratoria unilateral de la conclusión del conflicto, no trajo ni la paz ni la estabilidad programadas. Hoy día, la violencia y pobreza, se han extendido por todo el país y no es exagerado señalar, que la situación puede dar paso a la fragmentación de la unidad territorial de Afganistán.

En el libro “The Taliban revival. Violence and extremismo in the pakistan-afganistan frontier” (Yale University Press 2015), de Hassan Abbas, realiza una detallado repaso tanto de los antecedentes como de las condiciones actuales respecto de la fragilidad social e institucional que agobia a un país que por generaciones se ha visto sometido a guerras internas e invasiones. Ahora, ante los recientes e impactantes actos terroristas en varias partes del mundo, pero sobre todo en Europa, la vista y atención de los especialistas retorna a las inhóspitas zonas montañosas afganas, para preguntarse cómo es posible que desde esos lugares en las peores condiciones, se puedan planear y ejecutar o al menos, dar cobertura, a las organizaciones que realizan dichas acciones.

Las relaciones son estrechas, complejas y pasan por varias etapas; la migración afgana a Europa, junto con la de los sirios, chadianos, iraquíes, entre otras, son resultado directo de las guerras internas e invasiones. De largos conflictos, que en su prolongación han impedido cualquier expresión de estabilidad institucional y económica. Hassan Abbas, profesor e investigador de la National Defense University, en Washington, documenta como la ficticia frontera establecida entre Afganistán y Pakistán, responde a viejos acuerdos colonialistas que nunca consideraron mantener en una sola unidad territorial, a poderosas etnias y tribus.

El renovado interés por estudiar a fondo las condiciones antropológicas e históricas de grupos con una notable capacidad de resistencia, entre ellos, por supuesto el Talibán, atiende a preciar los motivos por los cuales hay una determinada y sólida base para alimentar a los grupos guerrilleros y terroristas que actúan en frentes tan convulsos como la guerra en Siria o en Libia. Las investigaciones europeas, por ejemplo, sobre los atentados en París del 13 de noviembre pasado, llevan hasta las zonas dominadas en la cordillera de la frontera entre Afganistán y Pakistán, es esa organización que ha sido capaz de gobernar un país entero, por dos ocasiones en las últimas décadas.

A la vista, no hay elementos consistentes ni para la paz y menos aún, para la estabilización económica. Las soluciones de fuerza interna (exclusiones étnicas y tribales) y externa (invasiones), han demostrado su completo fracaso. El escenario no es optimista, no hay razones para tenerlo.
javierolivaposada@gmail.com