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La Responsabilidad Social frente a la Obesidad / Resplandores / Benjamín González Roaro

  • Benjamín González Roaro

En estos últimos días aparecieron las conclusiones de dos estudios en torno a un problema de salud que siguen padeciendo muchos mexicanos: la obesidad.

Por una parte, el Centro para la Ciencia en el Interés Público, organismo dedicado a la investigación y defensa de la nutrición y la salud, con sede en Washington D.C, USA, presentó los resultados de su análisis “Carbonatando el Mundo. La Comercialización y el Impacto sobre la Salud de las Bebidas Azucaradas en Países de Medianos y Bajos Ingresos”.

En éste, llama la atención por el excesivo consumo de bebidas azucaradas (refrescos, bebidas energéticas, té, bebidas de frutas y otras que contengan azúcar) a pesar de los riesgos que esto implica para la salud y la vida de las personas: obesidad, diabetes y cardiopatías.

Se puntualiza que nuestro país es un caso en el cual se pueden observar los efectos de la intensa comercialización y consumo de dichas bebidas, que nos ha llevado a que nuestro país registre una de las tasas más altas de obesidad y diabetes, colocándonos dentro de las diez naciones con mayor número de obesos en el mundo.

Por otro lado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), califica de preocupantes las cifras de obesidad que se registran en México, sugiriendo que se pongan en marcha sistemas alimentarios inclusivos y sensibles a los temas de nutrición, así como impulsar la formación y educación necesarias desde la escuela.

Me parece que los hallazgos que manejan ambos organismos no son una mera casualidad; todos sabemos que cada día son más los mexicanos que padecen obesidad y sobrepeso y que esto no ha venido sucediendo de manera reciente, sino de mucho tiempo atrás. A primera vista, esto daría cuenta no solo de los escasos resultados de los programas de Gobierno, sino también de la ineficacia de las políticas orientadas a la prevención.

Sin embargo, al igual y como hemos visto en otros problemas nacionales (alcoholismo, drogas, contaminación, cuidado del medio ambiente, etc.), hemos llegado a un momento en que la participación social es un factor clave para empezar a encontrarle una salida a todos estos desafíos. El debate público también debe considerar la contribución que necesariamente debe hacer la sociedad.

Es más, podría decir que ninguna política pública tendrá los resultados buscados si la gente no se concientiza y no participa. Tal vez esto es lo que ha estado fallando: el fracaso para conectar con la sociedad. Hoy más que nunca, la respuesta ciudadana es fundamental para que México pueda superar muchos de sus retos inmediatos.

Es innegable que en este problema, los esfuerzos del Gobierno deben ser complementados con el esfuerzo y el compromiso de la colectividad.

Por ello, con justificación la FAO plantea que el problema de la obesidad ya no puede ser considerado como una cuestión individual o familiar, sino como un problema de toda la sociedad. Y al hablar de toda la sociedad, estamos incluyendo a actores imprescindibles: los empresarios, los medios de comunicación, los maestros y los padres de familia.

Las personas ya no pueden seguir pasando por alto las recomendaciones de los médicos, abandonar la actividad física o descuidar sus hábitos alimenticios; por el contrario, debe asumir la parte de responsabilidad que le corresponde. Cada uno de nosotros debe ser más responsable del cuidado de nuestra propia salud.

Sin lugar a dudas, uno de los componentes más importantes de toda democracia es la sociedad; pero una sociedad informada, madura, comprometida, consciente y participativa. Este es el tipo de sociedad que necesitamos empezar a consolidar.