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La reunión de Agosto

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

Hablo como analista político, pero también lo hago como mexicano que vive en Estados Unidos, especialmente en Washington. Agosto del año 2016 será recordado por un día en particular: el último, el 31, cuando Donald Trump visitó nuestro país, y generó la ola de indignación más importante en el sexenio del presidente de la República, Enrique Peña Nieto. ¿Cuáles fueron las razones por las que se decidió traer al candidato republicano? Ahora empezamos a saber algunas cuantas: el secretario de Hacienda y Crédito Público lo convenció que era la forma más eficaz de lidiar con el amenazante político que podría ganar la Casa Blanca en noviembre próximo, y según reportes, podría generar una gran crisis económica para México.

Sin embargo, la reunión con el candidato republicano no estuvo del todo cuidada, y hubo varios detalles que seguramente no se pensaron adecuadamente. La primera –y más importante– fue la indignación que generó entre los mexicanos: los de México, pero especialmente entre los mexicanos que vivimos todos los días una realidad compleja en Estados Unidos. Quizá desde el territorio nacional no se alcanza a ver, pero desde el otro lado de la frontera estamos tratando de poner el nombre de México en alto, luchando contra las actitudes despóticas, con las que algunos estadunidenses creen que los mexicanos no tenemos nada que aportar –no solamente a este país, sino al mundo-. Y eso es sumamente complejo de entender y comprender para quienes no viven esta realidad diariamente.

El trabajo que el Gobierno de México tiene que hacer constantemente en Estados Unidos, a través de su red de Consulados y de la Embajada en Washington, está directamente vinculado con la confianza que las personas le tienen y que depositan en sus autoridades para que los defiendan. Y en este caso en particular, “la forma es fondo”. La forma dice mucho y manda un mensaje clarísimo para quien lo quiera leer. El sentimiento de indignación, de impotencia y de enojo que he podido recoger en voz de varios de los mexicanos con quienes me he topado es algo que seguramente no se pensó adecuadamente cuando se gestionó esta reunión. Entiendo más que bien que el Presidente de la República tiene la misión de cuidar a los mexicanos, en donde quiera que estén; sin embargo, en esta ocasión “el tiro le salió por la culata” totalmente.

La confianza que se ha perdido entre los mexicanos es un asunto grave. La legitimidad del gobernante se basa en la confianza, principalmente. Cuando los ciudadanos comienzan acusar a su Presidente y a su Gobierno de traidores a la Patria, claramente tenemos un problema nacional. Y digo tenemos, porque en la medida en que el Presidente de la República sufra, sufrimos todos. Y no pretendo ser solidario ni justificar una decisión a todas luces equivocada. No pretendo ahorrarle nada por la decisión absolutamente equivocada que tomó el Presidente de la República en su intento de ganar algunos puntos en las encuestas y de “lidiar y hacer frente” al tirano, como después lo dijo. No. Nada de eso, lo digo porque el Presidente puso en riesgo de manera inmediata a muchos mexicanos que vivimos de este lado de la frontera, abriendo un frente totalmente innecesario, ayudando en términos de imagen a alguien que solamente se ha dedicado a vilipendiarnos, insultarnos y llamarnos violadores. Quienes vivimos en este país y hemos sentido el desprecio de muchos estadunidenses por ser mexicanos lo vemos de otra manera, porque lo sentimos a diario en carne propia.

El Presidente de la República cometió un error garrafal al recibir a Donald Trump. El camino para la recuperación y la construcción de la confianza de los ciudadanos será largo, espinoso y cuesta arriba. Especialmente con aquellos que habitan al norte del Río Bravo.
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.