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La revictimización de Daphne / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

A Daphne la están haciendo polvo. Su exposición en los medios la coloca en los reflectores de los que quiso huir, después de su violación. Evitó denunciar y se quedó en silencio, con el objeto de tratar de mitigar su dolor, lejos de sus agresores. La hostilidad en su contra exhibe la tragedia que enfrentan miles de mujeres en esta República misógina y machista.

Ocurrió en enero de 2015, en Boca del Río, Veracruz, a cargo de cuatro individuos mayores de edad, del género de los que se podría calificar como “Mirreyes”. Hijos de papis influyentes, por dinero y nexos políticos, forman parte de una banda conocida como los “Porkys”, responsable de delitos propios de los “juniors”, siempre bajo el cobijo de la impunidad.

Salían de un bar, la subieron a un automóvil, la trasladaron a la casa de uno y en el baño abusaron de ella. El padre de la menor trató de solventar el tema, reuniéndose con los verdugos y sus progenitores. Les pidió que jamás se le volvieran a acercar y que le pidieran perdón mediante un video, además de que acudieran a un psiquiatra. Pasados los meses, decidió denunciarlos y subir el “perdón” a las redes. A casi un año, la Fiscalía de Veracruz sigue pasmada.

De no aparecer la grabación en las redes, Luis Ángel Bravo, fiscal estatal, continúa protegiendo a los malandrines. Dilató el expediente hasta que dos de ellos salieron del país, uno a España y el otro a Woodlands, Texas, enclave en el que sus papis tienen casa.

Poco le duró el escondite: los vecinos del conocido fraccionamiento colocaron una manta, en la que se leía que allí no se aceptaban violadores. En Madrid también se escuchan voces contra el que llegó a esas tierras y lo conminan a salir de la península Ibérica.

Se incrementa el número de violaciones y, como ejemplo, en la Ciudad de México crece en forma exorbitante. Un alto porcentaje de víctimas se niega a denunciar. Están conscientes del horror que tendrían que enfrentar, desde el momento en el que se llega frente a un Ministerio Público. Las autoridades insisten en que hay una mejor atención, a través de agencias especializadas. Toparse con la crudeza de la tramitología, de por sí agravia y peor cuando se conoce el índice de impunidad. A la ofendida se le trata en forma despectiva, se le acusa incluso, de haber propiciado el delito, se le humilla y se busca la forma de que el agresor evada la sanción. En pocas palabras, se le revictimiza.

De cada 21 responsables, solo se castiga a uno. Cada cinco minutos hay una violación y se calculan 14 mil, en el 2014. Hay organismos gubernamentales a favor de la mujer, pero poco dan el ancho en un tema que no deja de escalar.

Qué decir de un Veracruz en pleno caos. El influyentismo hace de las suyas, a extremos de mostrar a un fiscal, con respuestas de párvulo. Si han sido incapaces de perseguir a las bandas y cárteles que propician una violencia desbordada, menos lo serán para procesar a jovenzuelos provenientes de familias “picudas”.

Sigue en ascuas el expediente de los chicos desaparecidos en Tierra Blanca y los de Papantla. Incapaces hasta la ignominia, a pesar de contar con pistas concluyentes, no pueden dar con su paradero. Cada destape de la barbarie que se vive en el Estado, agudiza el resentimiento contra Duarte y le acerca la gubernatura al pillo de siete suelas, candidato del PAN.

Daphne tendrá que aprender a sobrevivir a un ataque, para el que no habrá justicia, en plena vorágine estatal. El machismo, por lo demás, parece irreductible y la violencia contra la mujer, efervescente.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq