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La SCJN del siglo XXI: magistradas formadas en la perspectiva de género, una exigencia del Proigualdad 2013-2018 / Lucía Raphael

  • Lucía Raphael

La SCJN entrará próximamente en un proceso de transición que será definitivo para la apuesta de nación democrática a la que aspiramos. La designación de los ministros que sucederán a Olga Sánchez Cordero y Juan Silva Mesa determinarán y serán una señal inequívoca del compromiso del Gobierno mexicano frente a los temas de Derechos Humanos y respeto a la Separación del Poderes que el Gobierno actual está prometiendo a las y los mexicanos. En ese sentido, un grupo de académicas, activistas, servidoras públicas y mujeres comprometidas con la agenda de género, hemos decidido hacer llegar al presidente de la República, Enrique Peña Nieto, una carta, en la que le solicitamos que: “al menos una de las ternas que será enviada al Senado de la República esté integrada exclusivamente por mujeres con reconocida trayectoria en la agenda de género y los derechos humanos de grupos en condición de vulnerabilidad como niñas y niños, jóvenes, o comunidades indígenas, entre otros”.

Su respuesta positiva sería acorde al cumplimiento de México con las Convenciones en materia de derechos humanos de la mujer; CEDAW y Belem do Pará, a las que nuestro país se  ha obligado a cumplir y cuyo apego es de carácter constitucional, desde las reformas en materia de derechos humanos del 2011. El presidente Peña confirmó dicho compromiso a través del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 en el que define el género como estrategias transversales en todos los programas de la administración pública federal, con el compromiso de reducir las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres. Entres los objetivos transversales de dicho Proigualdad 2013-2018 el Estado reconoce que:

“Alcanzar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres y erradicar la violencia contra las mujeres en la sociedad mexicana exige transformar a profundidad, estructuralmente, las diversas formas de relaciones de género imperantes que generan desigualdades entre mujeres y hombres, (igualmente importante es) reconocer que la población femenina tiene los mismos derechos que los varones, lo cual impide que se les margine, discrimine, segregue, excluya o violente”. De tal forma que la estrategia 1.3 obliga al Gobierno mexicano a la “promoción del liderazgo y participación significativa de las mujeres en cargos  y puestos de toma de decisiones” en el mismo sentido, la estrategia 1.3.5: Insta a “impulsar la paridad en la asignación de puestos directivos en el Poder Judicial, promoviendo valores que contribuyan al cambio social y cultural a favor de la igualdad y el respeto de los derechos humanos”.

Es importantísimo contar un una mujer magistrada en el seno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero sobre todo, una magistrada con probada formación y compromiso con la agenda de género, hemos podido constatar que ser mujer no significa siempre luchar por los Derechos humanos de las mujeres, por otro lado nuestro Gobierno ha dejado correr mucha tinta en el sentido de asumir dicho compromiso, frente a l@s mexicanos, y también, frente a la comunidad internacional, a través de estos instrumentos jurídicos internacionales así como en los discursos pronunciados recientemente en el recinto de la Organización de Naciones Unidas.

Como lo explica lucidamente la Dra. Lucía Melgar, en su artículo: “Del poder y sus usos” en la Revista electrónica española “Con la a” “es probable que en muchos sentidos la simple presencia de mujeres en Gabinetes y Parlamentos cambie el panorama, pero la integración de las mujeres a los espacios de poder debe ir aparejada de un cambio de paradigma y de cultura que solo se logra, como el mismo Proigualdad indica, con un cambio de conciencia en la cultura institucional. El camino al cambio ya ha sido emprendido y necesitamos de mujeres magistradas conscientes y comprometidas; sensibles a la necesidad de cambiar los patrones tradicionales, y de hecho, capaces de ir más allá, capaces de entender el poder de una manera diferente a la dicotómica manifestación occidental del poder para el dominio. Necesitamos magistrad@s; mujeres y hombres que entiendan que hay esas otras maneras de entender el poder como un “actuar en conjunto” -como Hannah Arendt plantea-  “contraponiendo la compresión de tal poder a la noción de violencia y no fusionándola” como solemos hacerlo. Necesitamos magistradas capaces de imaginar y buscar -como escribió Rosario Castellanos-: una justicia percibida desde “otra forma de ser humana(s) y libre(s)”. Ese es el compromiso de una magistrada del siglo XXI.Y sí, ese perfil de mujeres existen en el seno del Poder Judicial, es cosa de permitirles llegar.
Fuentes: http://conlaa.com/del-poder-sus-usos/

Escritora e investigadora del IIJ UNAM.

learapha@gmail.com

@LUCIARAPHAEL11