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La seguridad; otra prioridad / Resplandores / Benjamin González Roaro

  • Benjamín González Roaro

 

Más allá de quienes asumen con escepticismo la narrativa en torno a la recaptura de Joaquín Guzmán Loera y del manejo informativo por parte de Gobierno federal, el hecho en sí mismo debe reconocerse como un logro indiscutible. Sin embargo, lo sucedido no puede ser motivo para echar las campanas al vuelo en un tema que se encuentra entre las principales preocupaciones de los mexicanos, el de la seguridad.

Desde luego, la reaprehensión del narcotraficante más buscado es un pendiente menos de una amplia lista que debe ser resuelta para garantizar de verdad la seguridad, el Estado de Derecho y la tranquilidad a los habitantes de este país.

Qué bueno que “El Chapo” Guzmán está nuevamente en prisión, pero las autoridades deben volver la vista a otros asuntos igualmente importantes.

No hay que olvidar que hace apenas una semana el país se colocó nuevamente en el borde de otra crisis con el homicidio de la alcaldesa de Temixco, Gisela Mota, pues exhibió, al menos en el Estado de Morelos, la fragilidad institucional y las limitaciones para hacer frente al crimen organizado. Asimismo, lo sucedido en Cuernavaca y prácticamente en la mayor parte de municipios de Morelos, da cuenta de las resistencias a medida que carecen del andamiaje legal que garanticen su cumplimiento “el Mando Único” y de la capacidad que posee el crimen organizado para amedrentar a los alcaldes.

Tampoco se puede ignorar la ola de ejecuciones en Acapulco “más de 20 muertos en lo que va del año”, que no solo representan un fuerte golpe a la credibilidad del discurso oficial, sino que también vuelven a mostrar nuestra realidad: México sigue estancado en el tema de la seguridad y los Gobiernos son incapaces de brindar certidumbre a los mexicanos.

Al iniciar esta semana, el INEGI dio a conocer algunos datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana: durante diciembre de 2015, el 67.7 por ciento de la población de 18 años y más consideró que vivir en su ciudad es inseguro; el 36.3 manifestó que la situación seguirá igual de mal y el 26.6 que empeorará.

Dichas percepciones no se van a revertir con la tercera aprehensión de Guzmán Loera y esto se debe a que la seguridad es un problema estructural, tal y como sucede con la educación, el crecimiento económico, la pobreza o la reactivación de sectores estratégicos.

Si los Gobiernos no logran poner un alto a la inseguridad, esta seguirá siendo una atadura para el progreso de la nación y para que todos podamos vivir en paz.

Por si todo lo anterior fuera poco, la semana pasada se publicaron las conclusiones de un estudio realizado por la revista estadunidense Health Affairs. Una de sus principales tesis sostiene que la esperanza de vida de los hombres mexicanos está disminuyendo debido a la violencia.

Esta publicación señala que el nivel de homicidios registrados a partir de 2005, trajo como resultado que la esperanza de vida se revirtiera en los hombres y se ralentizara en las mujeres en la mayoría de los Estados. Así por ejemplo, en las entidades de Chihuahua, Sinaloa, Durango, Guerrero y Nayarit, los hombres en promedio perdieron un año de esperanza de vida entre 2005 y 2010, aunque en el primer caso el descenso llegó a los 3 años.

Con lo que hemos visto en lo que va de este año, es evidente que la seguridad constituye un gigantesco problema estructural. El Gobierno federal debe concentrar todos sus esfuerzos para hacerle frente, pero es fundamental la corresponsabilidad del poder judicial, los legisladores, los gobernadores, los presidentes municipales, los partidos políticos y la participación de la sociedad.