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La seguridad social: Repensar los lugares comunes

  • José Reyes Baeza Terrazas

En unos días conmemoraremos el centenario de la instalación del Congreso Constituyente que aprobó la Constitución que nos rige. Es ampliamente conocido que el Proyecto de Reformas de Venustiano Carranza, primer jefe del Ejército Constitucionalista, no incluía propuestas sociales, es decir, el inevitable debate sobre los agravios históricos que tenía postrados a campesinos y obreros. En el Constituyente de Querétaro empezó la historia de la seguridad social en México; durante cien años, la noción “seguridad social” ha venido demarcando su contenido, diseñando los medios para hacerla efectiva, abriendo cauces, accesos, procedimientos e instituciones para satisfacer los que hoy son derechos humanos universales, entre los que destacan la salud, la vivienda, las pensiones y una serie de servicios de naturaleza económica, cultural y recreativa.

Durante este año hemos formulado una serie de estrategias para que los 21 servicios a cargo del ISSSTE actualicen su importancia humana, familiar y social; digamos que hemos repensado los lugares comunes acumulados durante décadas, con sus inercias, trámites circulares y un trato desprovisto de amabilidad con los derechohabientes. Repensar los lugares comunes ha sido un acto de inconformidad institucional contra sí misma, una reflexión sobre las frases hechas y las autocomplacencias institucionales, una especie de rebelión contra nosotros mismos, mejorando lo que ha funcionado bien y haciendo funcionar lo que funcionaba mal; en todo caso, pensar bien para servir mejor ha sido y es el principio que define la Agenda del ISSSTE.

En la formulación de programas de mejoramiento institucional hemos demarcado los fines y los medios, sin fundirlos ni confundirlos. La seguridad social y los servicios que ésta abarca es un fin en sí mismo, sin duda porque contribuye a mantener y perfeccionar el funcionamiento de las instituciones públicas, sobre todo en una época que evidencia la inequidad social y la desigual distribución de las cargas y los beneficios de la cooperación social.

La agenda estratégica del ISSSTE 2016-2018 está pensada desde la base original del espíritu del Constituyente de 1916-1917, pero tomando en cuenta todas aquellos malos hábitos e irregularidades que deshumanizan el servicio. La agenda ha tenido que volver a lo básico: la responsabilidad de servir a quienes sirven; el deber de prestar ese servicio bien, para que sirva mejor a una sociedad cada vez más compleja y diversa y, si se me permite, cada vez más plural.

Es por esto que la expresión “repensar los lugares comunes”, acuñada por Miguel Unamuno en una España convulsionada, define cualitativamente lo que estamos forjando para el futuro inmediato, así en salud, en vivienda, en pensiones y en todas las prestaciones de quienes deber ser servidos para servir a la sociedad.

Subrayo la cualidad reformista del ISSSTE en el diseño y la práctica de la agenda estratégica: la necesidad de dar claridad a los fines, y de ello inferir los medios más eficientes y eficaces para su satisfacción, a la vez, racional, oportuna y justa.

La autocrítica es el método más seguro para buscar y reencontrar los significados perdidos, pero acaso, para ser justos, debamos reconocer la herencia de buenas prácticas de gobierno habituadas durante décadas. Creo que las instituciones públicas deben empezar por preguntas elementales: ¿qué hacemos mal, qué es deficiente, qué se administra sin escrúpulos y por dónde debemos abrir brechas y caminos para estar a tiempo en nuestro tiempo?