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La Semana Santa en las tradiciones indígenas | Nuvia Mayorga Delgado

  • Nuvia Mayorga

Desde hace una semana hemos sido testigo de una de las celebraciones más importantes y generalizadas entre la población indígena: La Semana Santa. Esta celebración religiosa consiste en un acontecimiento en el que se conjugan elementos que van desde la dramatización de la muerte y resurrección de Cristo, hasta la representación de aspectos relacionados con el entorno social, natural y cultural, como son la territorialidad, la lucha entre elementos contrarios, la luz y la obscuridad, la vida y la muerte; la magnificación del orden social y el papel de sus autoridades religiosas consideradas como sagradas, ya que en algunos casos las autoridades civiles o tradicionales vigentes son reemplazadas durante el tiempo que dura la ceremonia; la representación de la fertilidad, pues se bendicen las semillas y se simbolizan los cambios estacionales y la reproducción y continuidad de la vida social.

La riqueza de ese ceremonial consiste en que involucra una gran cantidad de elementos musicales: Tambores, flautas de carrizo, campanas y matracas; las artes plásticas: Trajes, pinturas faciales y corporales, máscaras o bien danza y teatro; una amplia gastronomía con guisos a base de productos del mar y la tierra, como son diversos pescados, camarones, maíz, o el tonari, este último es un cocido de res, acostumbrado entre los tarahumaras; ofrendas con flores y velas, así como un discurso cosmogónico que hace referencia a un orden del universo y a los antepasados. Todo esto es, en su conjunto, una mezcla de tradiciones de origen indígena y europeo, que se constituye como uno de los ceremoniales más importantes para pueblos indígenas como los totonacos, huastecos, mayos, yaquis, coras y tarahumaras, entre otros.

En la representación de esta festividad, cada pueblo y aún cada comunidad, le da un sentido propio, poniendo en marcha una gran capacidad creativa, por ejemplo, en la región oriente del país, la Semana Santa, entre los totonacos, es un ritual agrícola en tiempo de sequía que simboliza la fertilidad y representa la lucha entre Chichiní, el sol, que es asociado a Cristo, y P’apa, la luna, donde triunfa Chichiní, que refiere a una lucha entre la vida y la muerte.

En el Norte, entre los tarahumaras, se encuentran presentes elementos como el uso de los tambores que anuncian la fiesta, el tesgüino (Bebida fermentada de maíz), y toda una serie de cargos como los alapesi o alapérusi, que son los organizadores de la ceremonia, los nawésari o sermones de los siriame, la danza de los grupos de pintos y de fariseos, que en conjunto crean un espacio festivo y ritual con un sentido de petición para tener buenas cosechas, en donde se simboliza el enfrentamiento entre el bien y el mal y se propicia la fertilidad, de ahí que después de la ceremonia, las familias se dirigen a las milpas de sus rancherías donde concluyen el barbecho de la tierra, para luego realizar la siembra.

En el occidente, entre los coras de Nayarit, la escenificación de la Semana Santa integra diferentes sitios del paisaje local y una representación dancística y teatral que narra desde el punto de vista mítico el crecimiento del sol, su muerte y renacimiento. Para ello, los varones de la comunidad pintan su cuerpo semidesnudo, convirtiéndose en seres del inframundo, invaden los poblados y toman el poder desplazando a las autoridades tradicionales, persiguiendo al Sol-Cristo a quien dan muerte en tres momentos, amanecer, mediodía y atardecer,posteriormente dos bandos de judíos combaten entre sí, autodestruyéndose para, posteriormente, regresar a la vida, poco antes de que el sol renazca subiendo del inframundo simbolizando el recurrente paso entre la oscuridad y la luz.

Lo anterior es solo una muestra de la riqueza cultural, expresada en la representación de estos ceremoniales. Es por ello que los invito a asistir a alguna comunidad indígena a fin de que puedan conocer el patrimonio cultural de nuestro país.

/arm