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La situación de los adultos mayores en México: salud, discriminación y violencia

  • Daniel Ávila Ruíz

  • Daniel Ávila Ruiz

Desde 1982 se festeja a los adultos mayores en agosto, mes en que se celebró la Primera Asamblea Internacional de la Organización de la Naciones Unidas dedicada al envejecimiento. En México a partir de 1998 se instituyó el 28 de agosto como el Día del Anciano, título que posteriormente se cambió por el Día Nacional del Adulto Mayor.

Un documento distribuido por la Dirección General de Análisis Legislativo, del Instituto Belisario Domínguez (IBD) del Senado de la República, refiere que en México había 12.4 millones de personas de 60 años y más, de acuerdo con datos de la Encuesta Intercensal 2015.

El estudio del IBD señala que las condiciones de vida de este sector de la población son las más vulnerables de la estructura social mexicana. Entre los indicadores que mejor expresan las condiciones de precariedad y desigualdad a la que se enfrentan, se encuentran la derechohabiencia a los servicios médicos y el derecho a pensión o
jubilación.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe), en el segundo trimestre de 2015, 86.4 por ciento de la población ocupada adulta mayor, no tenía derecho a servicios de salud por parte de su empleo y, solamente 13.6 por ciento contaba con esta prestación.

Cifras de la Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social (ENESS), levantada en 2013, indicaron que solo una cuarta parte de los adultos mayores se encontraba pensionado. El panorama de los jubilados es preocupante y lo es más, si consideramos que de acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional para Prevenir La Discriminación (Conapred), éste no mejorará a mediano plazo, pues más de la mitad de las personas trabajan en el mercado informal.

Los adultos mayores, además de enfrentar la pérdida de sus capacidades físicas y de ingresos para vivir, se enfrentan a contextos de violencia y discriminación. De acuerdo con Conapred, la edad es la tercera fuente de discriminación en el país. Peor aún, en una encuesta levantada por Parametría, 60 por ciento de los entrevistados consideró que la mayoría de los mexicanos ve a este grupo como una carga.

Otra forma de percibir la violencia que afecta a este sector, es la planteada en 2010 por el Instituto Nacional de Salud de Geriatría, la cual muestra que las tasas más altas de mortalidad por suicidios, estandarizados por edad, corresponden a la población adulta mayor y su incremento ha sido constante en los últimos años.

El suicidio se relaciona con la sensación de abandono, aislamiento, enfermedad y depresión, las cuales, a su vez, se relacionan con casos de deterioro económico, carencia de soporte familiar, institucional y social, entre otros factores. En este ámbito, Conapred reveló en 2010 que 60 por ciento de las personas adultas mayores consideraban que la sociedad no las ayuda, porque no conoce sus problemas y el mismo porcentaje consideraba que en México no se respetan sus derechos.

En el Senado de la República se han promovido varias iniciativas con el objetivo de impulsar políticas públicas que brinden una mayor protección a los adultos mayores. Nuestra perspectiva como legisladores debe ser clara: contribuir por este medio a impulsar una sociedad integrada, en la que se estimule la solidaridad y el apoyo mutuo entre generaciones, pues de lo contrario, se podría comprometer nuestra viabilidad como nación en los próximos años.
*Senador por Yucatán. Presidente de la Comisión Bicameral del Canal del Congreso, secretario del Comité del Instituto Belisario Domínguez e integrante de las comisiones de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico, Juventud y Deporte, de Turismo, así como de Reforma Agraria.