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La superstición: resabio genético

  • Francisco Fonseca

Dicen los que saben que la superstición, del latín “superstitio” (creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón, según la Enciclopedia de la Lengua; o bien el exceso en las medidas de una cosa, o creencia ridícula llevada al fanatismo, según otros), es un resabio primitivo de nuestra mente, alucinada ante los hechos inexplicables que habitan cada día en las profundidades de lo desconocido. Un resabio es un vicio o una mala costumbre que se adquiere, que deja un sabor desagradable.

Hay quienes suponen que la superstición intenta aliviar el sufrimiento de los más desvalidos anímicamente porque es un producto de nuestro proceso evolutivo, inseparable del equipaje genético. Aunque son creencias sin ningún tipo de evidencia científica, el concepto no siempre engloba todo lo que no es científico. Se afirma que, lejos de ser mitad simios y mitad ángeles, desgarrados entre los instintos egoístas que nos arrastran hacia abajo y los impulsos piadosos que nos empujan hacia arriba, los seres humanos somos herederos de características que han evolucionado a lo largo del tiempo.

Muchos se preguntan si en verdad son extrañas las costumbres, los gestos y los tics provenientes de sucesos inexplicables. Temor a los gatos negros, a pasar por debajo de escaleras o a derramar sal, son algunas de las supersticiones más comunes. Es habitual tener una de estas fobias, lo sorprendente es tenerlas todas, como el cantante colombiano Juanes. El escritor y dramaturgo inglés W. Somerset Maugham, tenía grabado el símbolo del mal de ojo en la repisa de la chimenea y lo hizo imprimir en sus libros. El matemático y filósofo francés Blaise Pascal llevaba cosidas en el forro de sus trajes, inscripciones que creía eficaces contra la duda y la desesperación.  A lo largo de los siglos muchos han sido los personajes históricos que han basado sus decisiones en sus supersticiones más arraigadas. El miedo a la noche de Julio César, el temor a los gatos negros de Napoleón Bonaparte o la aversión al número 13 de Winston Churchill son prueba de ello. 

Y qué decir de los toreros, los futbolistas y los gitanos que en cada gesto quisieran retener la vida. La torería es una de las artes en las cuales la vida está en juego; por ello está plagada de atavismos y maledicencias. El diestro español, gitano, Rafael Gómez, llamado “el Gallo Grande” o “el Divino Calvo”, se salía de las plazas de toros argumentando que un toro le había guiñado el ojo y que prefería salir vivo de la cárcel.

El ruso Garri Kasparov, ajedrecista, cerebro brillantísimo, fuera de serie, anotaba y firmaba su planilla en los torneos de ajedrez con el mismo bolígrafo de siempre. Si se quedaba sin tinta, solo aceptaba el repuesto que llevaba su madre.

No cabe duda que la frontera entre la superstición y la excentricidad es muy fina y, en muchas ocasiones, lo que empieza como la primera acaba con la segunda. No tendría yo espacio para enumerar algunos, solamente algunos de los resabios y temores de personajes famosos, de conocidos, de amigos. ¿Cuestión de ignorancia, de atavismos, de manías inexplicables? ¿Temor al fracaso o a lo desconocido? Mi respuesta más cercana es que las supersticiones son creencias, pensamientos equivocados. Las supersticiones son todo lo contrario del entendimiento y de los pensamientos positivos que manejan y controlan la mente superior del hombre.

pacofonn@yahoo.com.mx