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La suspicacia, deporte nacional | Juan A. García Villa

  • Editoriales

qué grado no habrá llegado la desconfianza en los asuntos públicos de todo tipo, que ahora ¿o quizá desde siempre? la suspicacia lo invade todo. Aparece por aquí y por allá, en todos lados.

Por ello, a nadie sorprende ya que si alguien con claro sentido común afirma algo, de inmediato y hasta de manera inconsciente los demás tratarán de encontrar una razón oculta que le ha impedido negar, en lugar de afirmar. Considerarán que es porque le tiene cuenta, pretende cierta ventaja o trata de engañar en su beneficio.

Dos episodios recientes nos ilustran de bulto que efectivamente así es la cosa. Ocurrió ese par de acontecimientos casi de manera simultánea. Uno fue el huracán “Patricia” que azotó las costas occidentales del país y el otro la anulación de las elecciones para gobernador de Colima, dictada por el Tribunal Federal Electoral.

Desde luego, no son esos los únicos acontecimientos de los días que corren que se prestan a la suspicacia, pero sí los que quizá mejor pueden ejemplificar esa irrefrenable tendencia a la desconfianza.

Sobre el huracán “Patricia”, se divulgó la versión de que éste se había aprovechado en Los Pinos para diseñar una estrategia mediática, a fin de levantar la deteriorada imagen presidencial. Al efecto, se dijo, fue necesario magnificar la fuerza del ciclón. Se le pronosticó como el de mayor magnitud en toda la historia del mundo. Como es de suponer, la población se atemorizó. Y desde luego cobró conciencia de lo que podía esperarle. El paso siguiente consistió en divulgar ampliamente que todo estaba previsto para proteger adecuadamente a las familias eventualmente susceptibles de ser afectadas. Y por supuesto, en medio de todo ello la presencia permanente de la figura presidencial, para ganar bonos ahora que tanto los necesita.

¿Qué pensar de lo anterior? En principio que en estos casos nunca está de más excederse en las previsiones. Imaginemos por un momento que se haya errado por omisión y el huracán hubiera sido efectivamente de la magnitud anunciada, las críticas habrían sido verdaderamente feroces. Si el plan mediático existió, como parece indicarlo la constante presencia del ejecutivo en los medios, pésimo. Por eso la suspicacia está en los altos límites que le conocemos.

También se ha especulado que la anulación de los comicios de Colima fue el pago para que los senadores panistas voten, de entre las ternas que envíe, a los dos que quiere el presidente Peña Nieto ver convertidos en nuevos ministros de la Suprema Corte. No se sabe a ciencia cierta quién tuvo a bien inventar y echar a circular esta ocurrencia. En las próximas semanas sabremos si esta versión tiene algún sustento o solo se trata de un rumor irresponsable.

El hecho cierto es, resultado tal vez de lamentables experiencias del pasado, que el país parece vivir en una permanente “feria de las desconfianzas”, como alguna vez dijo Jorge Carpizo con relación a los procesos electorales. El problema es que sobre esta base no se pueden construir acuerdos políticos serios y duraderos. El quid está en que es muy fácil perder la confianza y luego muy difícil recuperarla.

/jodp