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La telenovela del episcopado… Gran Raiting / María Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

Me pongo a escribir esta columna y al mismo tiempo ando buscando a un párroco para que me confiese ¿cuál es el pecado que requerirá de absolución? Escribir en estas líneas lo malo, y que se repite por todas partes, penosamente, aquí en el extranjero, sobre muchos hombres de Dios en México, y los pleitos internos no solo con las elecciones en el Episcopado Mexicano, sino con la resaca de la visita del papa Francisco en febrero pasado y que diera tanto que desear.

Entro en una oficina y me encuentro con una revista donde veo a varios obispos de espaldas y se habla de los pleitos entre ellos. ¿Que acaso no son los santos varones que nos ponen el ejemplo de virtud? –Me pregunta alguien que me relaciona con las coberturas de tres Papas para la televisión- ¿acaso no son estos hombres de Dios ante quien nos postramos pidiendo ser redimidos de actuar contra el prójimo de forma deliberada? –me dice otra mujer- y alguien más tercia: ¿No son estos los que nos conminan a no mentir, a controlar la avaricia, el poder?

Debo contestar con profunda pena que sí. Que son ellos, pero que no son todos los obispos. Conozco afortunadamente, de entre ellos, a muchos que son verdaderos pastores, como Francisco les ha pedido que sean, pero también sé que hay quienes han hecho cosas malas, tan malas como informar al Vaticano en forma perversamente, certera, sobre lo que sucedía dentro del Episcopado Mexicano, y que dicho sea en forma populachera, provocara el “enmuine” papal que tanta tinta ha hecho correr. Diríamos en mi Coatzacoalcos natal
No se vale. Así no. ¿Acaso no pensaron en la lección de malos cristianos que nos estaban dando a todos, aparentemente no.

Después viene el asunto de la gira Papal tan desatinadamente y malorganizada, teniéndonos a la prensa en medio de las confusiones, la desinformación, la falta de logística para entrar y salir de los sitios, -ni pensar en ir frente a la Nunciatura a ver salir a Francisco, era como ir a la luna- cuando en países tan pequeños como Bolivia, -por mencionar solo alguno- pequeño y complicado políticamente con un Evo Morales descarriado, pero en donde a la iglesia católica boliviana le interesaba que nosotros, la prensa, diéramos la mejor cara de ellos. Los organizadores felices de que pidiéramos entrevistas con el obispo primado, el Nuncio ni se diga, y que no me vengan a decir ahora que no tuvieron problemas que enfrentar y que supieron desactivar, como por ejemplo, la famosa entrega de aquel Cristo sobre la hoz y el martillo…

¿Cuál fue la fórmula? Sencilla. Nadie se quiso comer solo el “cake”. Todos decidieron dar frente unido y su mejor cara ante el Papa, y que este se fuera feliz de sus países. Y por mencionar, problemática gira pudo haber sido también la visita al Ecuador de Rafael Correa. ¿Qué hicieron los obispos ecuatorianos? Unirse. Hubo ceremonias masivas de más de un millón de fieles todos los días. Todos. Y los hubo también en un Paraguay delirante. Pero en Ecuador, Bolivia y Paraguay no solo hubo organización, sino también lo que faltó, tristemente, en México: buena voluntad. Ahí nadie se apoderó de la gira de Francisco como si fuera suya, y le dieron jerárquicamente el lugar a quien le pertenecía, se cayeran bien o no. Si se dieron zancadillas y trataron de sacar de la jugada a alguien, lo hicieron tan bien que nadie se dio cuenta. Reconfortaban con la religión, que a fin de cuentas es consuelo de los que poco o nada tienen. Visto así, da pena que la capital mexicana no haya tenido una misa masiva.Da pena, pero Dios pasa la factura a sus hombres que anteponen los intereses políticos a los de él. Enseñando que las aspiraciones políticas hay que dejárselas a los políticos. Lo que ahora necesita la grey católica mexicana es que paren de atacarse y que surja el verdadero arrepentimiento entre hermanos en el Episcopado, que nos enseñen que han domado la soberbia. Lo demás, solo Dios dirá.