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La televisión digital / Francisco Fonseca N.

  • Francisco Fonseca

Hace unos 25 años, las revistas especializadas en la información de vanguardia – sobre todo en el campo de la ciencia y la tecnología– centraban sus comentarios en el alcance desplegado por la comunicación televisiva en el mundo entero. Los articulistas mostraban su asombro por el variado menú, jamás pensado, que los espectadores tendríamos la oportunidad de disfrutar ya entrado el siglo 21.

Las imágenes, asombrosamente nítidas, las recibiríamos vía satélite, comprimidas y digitalizadas por medio de antenas especiales, pero sin descartar las tradicionales. De las mismas 80 líneas de barrido de televisión (que yo vi con la imagen del ratón Miguelito), se pasó a las 625 líneas que definieron las imágenes por décadas. Esas 625 líneas, gracias a la moderna tecnología llamada digital, se convertirían en más de mil, con una nitidez parecida al cine; y la señal de televisión se convertiría en un flujo de ceros y unos, semejante al código binario que emplea una computadora. Esta transformación, sin importancia a simple vista, abriría todo un mundo de nuevas posibilidades para espacios fijos, revistas electrónicas, programas de computadora, juegos interactivos, canales personalizados; todo en una pantalla sin interferencias, diseñada con plasma ultrafino y con un sonido de verdadera alta fidelidad.

Un profundo examen sobre la televisión digital decía que para hacer realidad la compresión de datos, se estaba diseñando ya un sistema de alta tecnología, capaz de comprimir toda la información necesaria – fotograma a fotograma – con el consiguiente ahorro de espacio de transmisión. Se decía que cuando se dispusiera de una terminal de fibra óptica para cada usuario, el espectáculo televisivo comenzaría a experimentar una transformación definitiva.

Qué diremos hoy, inicios de 2016, cuando todo lo que se preveía hace nada más 25 años es una realidad amenazante. Aquella pequeña e inofensiva pantalla inventada en la primera mitad del siglo 20, hace más o menos 100 años, domina hoy la tierra, la voluntad y el espíritu del ser humano. Y lo hace en inmensas televisiones digitales, en grandes clusters de cómputo, en sistemas maravillosos de comunicación, y en toda la tecnología actual.

Hoy el mundo entero está a la mano. La vida transcurre de Marconi a Billy Gates, de las 80 líneas a las mil 200 de hoy. La muy conocida y hasta nostálgica aldea global que preconizaba Marshall McLuhan, constituye un proceso histórico que envuelve por entero la esencia de la actividad humana y le confiere un nuevo sentido a la vida.

pacofonn@yahoo.com.mx