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“La tortura es irreversible” / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Así lo dijo Renato Sales Heredia –comisionado nacional de Seguridad-, al ofrecer la segunda disculpa pública por la tortura de una mujer en Guerrero. Ya lo había anticipado el general secretario de las Fuerzas Armadas, Cienfuegos.

Que tenga memoria, jamás escuché que un militar pidiera perdón a la sociedad, como recién ocurrió, lo que me lleva a pensar que hay gato encerrado. ¿Piden perdón en vista de la presión internacional?

El video de la mujer sometida a la demencial conducta de una congénere en uniforme, se hizo viral y provocó la indignación de millones de personas, aquí y más allá de nuestras fronteras.

Se tenga la sensibilidad de un elefante, el ver a la “presunta culpable” aterrada, llorando, mientras se le vejaba, estremece. Lo oímos con frecuencia y nos quedamos impávidos, pero bien dicen que una imagen vale más que mil palabras.

Mientras la grabación se hacía viral, empezó el rebumbio politiquero y la catarata de discursos comprometiéndose a que jamás volverá a suceder. ¿Alguien cree que solo le pasó a quien ahora está en una cárcel de Nayarit? Y, ¿quién lo grabó y filtró?

Ni siquiera termina el escándalo de la ruptura con el equipo de especialistas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y aparece una prueba contundente de lo que recién nos habían acusado: el 2 de marzo, la propia CIDH presentó un reporte en el que se afirmaba que “México padece tortura generalizada”, entre otras lindezas.

Hasta Hillary Clinton echó rollo sobre lo mal que andamos en este aspecto y en corrupción. Y qué pensará la canciller alemana, Ángela Merkel, cuando hasta ayuda le ofreció, en el caso de Ayotzinapa, a nuestro turista tlatoani. Total, que damos pena ajena, a los ojos de fuera, en tanto en territorio azteca rehierve la sangre y la indignación ruje como volcán.

Me queda claro que estos casos dividen a la opinión pública. Hay quien rechaza la cultura de los Derechos Humanos e insiste en que protege a los delincuentes. Tienen suerte de no haber caído en manos de estos “guardianes de la Ley”, fabricantes de culpables, o liberadores de maleantes, al anular el debido proceso. ¿Y la presunción de inocencia?

La tortura es inadmisible e injustificada. La ley no puede violar la propia Ley. Es ir contra su esencia. Quienes ejercen funciones de seguridad tendrían que saber que jamás pueden usarla, ni para obtener información, mucho menos confesiones y que, a su vez, los convierte en delincuentes, al transgredir la norma que están para defender.

Se usa desde épocas inmemoriales. Bastaría con recordar los horrores de un Arturo Durazo, de un Coello Trejo, de la federal de seguridad, que dependía de Gobernación. Al presunto culpable lo hacían pedazos y ni siquiera el juez se apiadaba al verlo lleno de moretones.

Se creían historias de un pasado negro, cuando siguieron y siguen vigentes y solo se ganó el que en algunos juicios se obtuviera la absolución del procesado, al comprobarse la tortura.

Ha habido denuncias graves contra algunos soldados de distintas jerarquías. Los organismos no gubernamentales de defensa de los DH, defienden con uñas y dientes a quienes la han sufrido y son el acicate para exigir su erradicación.

Con semejantes técnicas solo se posibilita el que los maleantes queden libres y demerita el esfuerzo en el combate contra la inseguridad. Si quienes trabajan en estas tareas tuvieran capacitación y entrenamiento, supieran investigar y obtener pruebas contundentes, lograrían condenas sustentadas.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq