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La Última Palabra

  • Entre Piernas y Telones : Hugo Hernández

Excelente montaje sobre la justicia mexicana

Cada lunes por la noche, a un costado de las oficinas del Tribunal Superior de Justicia se hace justicia. Sucede en un escenario teatral, es el foro del Centro Cultural Helénico, donde se presenta La Última Palabra, una excelente puesta en escena en torno a uno de los temas más oscuros de la realidad mexicana: la impartición de la justicia.

Escrita por Luis Agustoni, dramaturgo argentino de quien vimos hace algunos años su estupenda obra Los Lobos, que también abordaba oscuros temas políticos, La Última Palabra es una puesta en escena redonda: texto, dirección, adaptación, actuaciones, escenografía, son brillantes.

La obra cuenta el encuentro (enfrentamiento) de tres magistrados y una secretaria de actas del Tribunal Superior de Justicia, quienes deben deliberar sobre el caso de una mujer acusada de matar a su marido, en defensa propia. Al espléndido texto hay que agregar una muy atinada adaptación, realizada por Roberto D’Amico, quien traslada todo estupendamente a la realidad mexicana.

Excelente la dirección de Angélica Aragón, quien da al montaje el ritmo adecuado y lleva al espectador de la risa, a la indignación, la emoción y la sorpresa, en un muy bien logrado sube y baja de sentimientos.

No es ninguna sorpresa el trabajo como directora de Angélica, a quien todo mundo ubica y aplaude como una excelente actriz, pero que en este terreno es poco conocida. Al ver este montaje tan fluido, solvente y bien estructurado, no cabe duda que Angélica tendría que acercarse más a esa actividad. Felicidades.

Obviamente para lograrlo la directora se vale de cuatro estupendos actores: Roberto D’Amico (exacto como siempre), Víctor Huggo Martín,  Pablo Perroni (cada trabajo mejor), y Adriana Llabrés (con paso firme hacia adelante en cada trabajo).

El único pero que le pongo, que es una nimiedad, es la canción con la que cierra la obra. No tiene nada que ver con el montaje.

La Última Palabra es un buen ejemplo de un trabajo teatral encabezado por alguien que no busca los reflectores para sí, sino para el espectáculo, en este caso Eloy Hernández, acompañado por Mariano Ducombs, como productores.