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La unidad de México

  • Raúl Carrancá y Rivas

RAÚL CARRANCÁ Y RIVAS
Diputados y senadores al Congreso de la Unión plantearon en el encuentro privado que sostuvieron con el Presidente de la República consolidar un acuerdo nacional en el que participen los Poderes de la Unión, los partidos políticos y los empresarios. Pero se les olvidó a los legisladores que hay otras fuerzas de vital importancia, comenzando por los ciudadanos y las universidades que agrupan la inteligencia y la investigación. No puede haber unidad verdadera ante los riesgos que implica la política del presidente estadunidense Donald Trump, sin la presencia activa de aquéllos. Y me refiero sobre todo a los ciudadanos. El artículo 39 de la Constitución prescribe que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo”. Por lo tanto, la soberanía nacional, hoy gravemente afectada por la política de Trump, atañe al pueblo, a nosotros ciudadanos mexicanos. De tal suerte que el acuerdo nacional de que se trata, acuerdo de unidad, no incumbe exclusivamente a los Poderes de la Unión, a los partidos políticos y a los empresarios. Lo contrario nos dejaría a los ciudadanos y a los universitarios al margen, paralizados, como meros espectadores, en momentos muy graves en la vida de la República.

Ahora bien, la unidad de México, que no la media unidad, y nuestra historia lo demuestra, ha sido siempre prueba fehaciente de la presencia de todos. Por eso mismo el pueblo ha participado y debe participar en la defensa de nuestra soberanía. Es un asunto que incumbe al país entero. Los Poderes de la Unión, los partidos políticos y los empresarios, aislados del resto, representan una parte del país que sería inexistente e inexplicable sin los ciudadanos, sin el pueblo; y ni qué decir si esa parte se aísla también de las universidades. Ya sé que poderes, partidos y empresarios se forman con ciudadanos, pero de alguna manera encumbrados, por no llamarlos privilegiados. Viene a mi memoria una bella y profunda frase pronunciada por Raúl Carrancá y Trujillo en un memorable discurso: “nosotros los universitarios somos parte del pueblo entero, somos el pueblo mismo, y no podemos permanecer indiferentes a los sufrimientos que lo atenazan”. En suma, nadie debe ser indiferente a los atropellos de Trump, que cambia el tono de sus ideas como las estriptís de ropa, hasta quedar sin nada… El pueblo elige sus gobernantes, aunque el pueblo es el verdadero y único gobernante. No importa que no se nos convoque como simples ciudadanos o universitarios, debemos pensar y razonar, discernir para ver cómo podemos defender y afianzar la soberanía de México. La unidad lo reclama. La economía es vital, no se niega. Sin embargo no es todo. Diversificar los mercados, ampliarlos, abrir nuevas fuentes de empleo, es muy importante en la hora actual. No obstante, es más importante, mucho más importante, defender los valores morales, jurídicos y políticos de una nación. A la larga, y en ocasiones a la corta, esto consolida aquello. Un país se sustenta en la economía, pero no es la economía. Siempre ha prevalecido en la historia el alma y el espíritu de un pueblo. A la visión predominantemente económica de Trump hay que enfrentar y oponer lo esencial de México, su espíritu, su cultura, lo que Octavio Paz llamó normatividad cultural. Sólo así habrá unidad auténtica. Añado que la UNAM ha hecho un llamado urgente e histórico para superar la emergencia que vive México, y como profesor Emérito de ella concuerdo plenamente; e incluso estamos en vías de organizar en la Facultad de Derecho un Congreso al respecto.
@RaulCarranca

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