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La usura, explotación del hombre por el hombre / Así es el Derecho / Élfego Bautista Pardo

  • Élfego Bautista

Homo Homini Lupus, “El hombre es el lobo del hombre”, sostuvo Thomas Hobbes al escribir El Leviatán, y podemos decir que a cuatro siglos de distancia la frase sigue siendo vigente para aplicarse en las relaciones humanas, pues debido al individualismo hoy hablamos de la explotación del hombre por el hombre, aún cuando se encuentra prohibida por la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

La explotación del hombre por el hombre es la situación en la que una persona utiliza abusivamente en su provecho los recursos económicos de otras personas, el trabajo de éstas o a ellas mismas, su prohibición abarca cualquiera de sus especies, como lo son la esclavitud, la servidumbre, los trabajos forzados y la propia usura, prohibida por el Artículo 21.3 de la Convención citada, sobre la cual ahondaremos en esta ocasión, y que se encuentra ligada al contrato de mutuo o préstamo.

A través del mutuo o préstamo una persona entrega a otra una suma de dinero, quien se la devolverá en cierto tiempo con los intereses respectivos, los cuales suelen ser pactados por las partes. Es oportuno distinguir los intereses ordinarios de los moratorios, los primeros se generan como una ganancia con motivo del disfrute del préstamo, mientras que los segundos se causan como sanción por retraso en el cumplimiento de la obligación; en materia civil, el interés legal o convencional asciende al nueve por ciento anual y en materia mercantil al seis por ciento anual.

Aunque los intereses derivados del préstamo sean pactados por las partes, estos no deben ser desproporcionados ni excesivos, o se constituirán en usurarios, pues aunque por disposición legal en los contratos civiles y mercantiles cada persona se obliga en la manera y en los términos en que quiso obligarse, la libertad contractual tiene los límites que la misma ley establece. Además, el contrato debe cumplir con los elementos de existencia, así como con sus requisitos de validez, como lo son la capacidad legal de las partes, la ausencia de vicios del consentimiento (error, violencia y dolo), licitud en el objeto, el motivo o el fin del contrato (que sea conforme a las leyes de orden público y las buenas costumbres).

Ahora bien, para saber si un interés es excesivo hay que evaluar diversos factores como el tipo de relación entre las partes, la calidad de los sujetos que intervienen en la celebración del acto y si la actividad del acreedor se encuentra regulada, el destino o finalidad del crédito, el monto, el plazo, la existencia de garantías para el pago, las tasas bancarias de interés para operaciones similares a las analizadas, la variación del índice inflacionario nacional durante la vida real del adeudo, las condiciones del mercado y las demás que generen convicción en el juzgador.

Todos estos parámetros han sido establecidos por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y los juzgadores deben tomarlos en cuenta en los asuntos en que intervengan, incluso oficiosamente, ya que es su facultad y obligación proteger, así como garantizar el derecho humano del enjuiciado a no sufrir usura, según se desprende de los artículos 1º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y el citado 21.3 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Para la defensa y protección de los derechos humanos es importante recurrir a los criterios constantemente emitidos por la Suprema Corte, como lineamientos orientadores u obligatorios.

Debemos recordar que nuestra ley suprema prevé que todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado debe prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley, por ende, debe protegerse al deudor frente a los abusos y a la eventualidad en el cobro de intereses excesivos que constituyan usura.
Así es el Derecho.