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Y la veneran… / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Como todos los años, la Basílica de Guadalupe vuelve a estar pletórica de fieles. Millones de mexicanos hacen a un lado lo que sea para cantarle las mañanitas a la Virgen Morena, símbolo por excelencia.

Los días pasados empezaron a llegar las muchas peregrinaciones. Personas, a las que les toma varias jornadas de largas caminatas, se empeñan en hacer el último tramo de rodillas o, si les resulta imposible, aunque sea la entrada al gran templo.

El fervor es ilimitado en esa mezcla cultural, desde la madre Coatlicue hasta la que se le apareció a Juan Diego. Hay quien va a agradecerle los favores recibidos; otros llegan con sus súplicas y la esperanza de una mística solución a los tantos problemas que los aquejan. Hay quien pide por su salud, por la de algún familiar, por curaciones milagrosas en el caso de enfermedades incurables o mortales.

Para todos tiene la Morenita del Tepeyac: ricos y pobres se unen en la devoción por la que consideran “Emperatriz de América”. Símbolo del indigenismo, del mestizaje, de los nuevos hijos del territorio conquistado.

Confesarse católico en esta época de plena paganización, es casi jugarte el pellejo, aunque en algunos enclaves del planeta te pones en peligro de muerte. Crece el número de mártires en zonas de África y ciertas regiones del globo terráqueo, donde imperan religiones practicantes de la más pura intolerancia.

En Mauritania, las Hermanas de la Caridad no pueden ni siquiera mencionar a Cristo. Cooperan con la población en cuestiones de ayuda a los más desprotegidos sin mencionar credo alguno. Instruyen a las mujeres de las comunidades en cuestiones de higiene y de prácticas del hogar que en algo les faciliten la vida. Enseñan a los menores a leer y escribir, los apoyan en su nutrición y cuentan con dispensario médico.

Sin llegar a esos extremos de persecución, el jacobinismo renace en tierra azteca y la paganización sustituye a las creencias, en especial en este DF que, ahora con base a la recién aprobada Reforma Política, se llamará Ciudad de México.

La labor de zapa de un PRD hipócritamente contrario al catolicismo, rindió frutos. Hipócrita en la medida en que un buen número de sus jerarcas acuden al cardenal metropolitano, Norberto Rivera, con el que tienen lazos fuertes de amistad, así sea en lo oscurito.

El resto se dedica a despotricar: si rezas eres mocho, fanático, meapilas. La religión es el opio del pueblo y sandeces ancestrales que poco tienen que ver con quien practica su fe convencido, con conocimientos sólidos y respeta a quienes profesan otros credos o son agnósticos o ateos.

El destape de la pederastia de algunos sacerdotes, además de la lacra de Maciel (por desgracia mexicano, nacido en Michoacán), causó un enorme daño. Imperdonable lo sucedido y se le debió juzgar. No ocurrió así y sus delitos se fueron con él a la tumba, dejando un manchón imborrable.

Habría que repasar el número de religiosos dedicados a tareas invaluables: a la enseñanza, a favor de los pobres, de los encarcelados, de los ancianos y de tantos seres humanos en desgracia, que quizá ni sobrevivirían sin ese auxilio. Los jesuitas que trabajan, desde hace décadas, en la Sierra Tarahumara, en Chiapas, en la Sierra Veracruzana, en lugares inhóspitos y miserables. Los salesianos y su escuela de oficios para adolescentes. Obras hay a montones, solo que no hacen ruido.

La semilla Guadalupana por encima de todo permanece viva, consuelo de quienes sufren y milagro cotidiano de persistencia.
catalinanq@hotmail.com

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