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“La Vida de Calabacín” y “Un Saco de Canicas”

  • La moviola/ Gerardo Gil

Dos películas llegan a la cartelera que no tienen la carga publicitaria del blockbuster nuestro casi de cada día, pero por su calidad vale la pena ocuparse de ellas. La primera es La Vida de Calabacín (Ma vie de Courgette, Claude Barras, 2016) coproducción franco-suiza que fue presentada en la Quincena de Realizadores, en la más reciente edición del Festival de Cannes y estuvo nominada al Oscar en la categoría de animación.

Realizada con la técnica de stop motion el filme es una muestra de la profundidad temática que la animación ha alcanzado, porque ajenos a las convenciones del género y dotados de un aire agridulce, los personajes de La vida de Calabacín son complejos y algunos de ellos hasta cierto punto contradictorios. Su lectura requiere un compromiso mayor del público promedio.

Calabacín es un niño que vive en una familia disfuncional: su madre es una mujer alcohólica que acaba de ser abandonada por su pareja y se dedica a regañar cruelmente al pequeño. Después de una reprimenda injusta y debido a un accidente, la mujer fallece.

Calabacín, de cabello azul y ojeroso, estos colores cada uno diferente en los personajes, ya que rebelan su estado emocional, será enviado a un hogar de acogida donde convivirá con niños abandonados: la que tiene una madre deportada, el que perdió a sus padres en un hecho trágico que presenció y el briboncillo pelirrojo, profundamente enojado además de bulleador, este último dotado de una sensibilidad y complejidad humana que trastoca, trasciende el primer plano psicológico y emocional.

Basado en la novela Autobiographied’ une Courgette, de Gilles Paris, bestseller francés que había sido adaptado anteriormente para la televisión, La Vida de Calabacín brilla, entre otras cosas, por seguir la tradición en la literatura de infancias dickenianas. Aunque cabe añadir, que el libro es más crudo y directo que el filme.

En la película está implícita la melancolía y el humor de clásicos como Sans Famille, de Héctor Malot, novela escrita en 1878 y que por cierto dio pie al animé Remi, el Hijo de Nadie (Tokyo Movie Shinsha,1977) o Mi Vida Como un Perro (Mitt liv Somhund, Lasse Hallstròm, Suecia, 1985) en la que el niño protagonista Ingmar (Anton Glanzelius) pronuncia cada que le sucede una desgracia: “Pudo haber sido peor…” y sus desgracias las compara con hechos trágicos de la historia.

La Vida de Calabacín sigue de manera afortunada las convenciones de estos filmes y literatura, porque los resortes emocionales que tienen los personajes principales transitan en varias líneas en común, aunque aparentemente las sinopsis sean diferentes: está el niño rebelde que servirá de apoyo al personaje principal, el adulto que fungirá como figura paterna y el que hace las veces de villano. La primera inquietud sexual con una niña. Pero sobre todo, la profunda melancolía y amor que emanan los pequeños en un universo en apariencia hostil.
LA OTRA PELÍCULA

El segundo filme en cuestión es Un Saco de Canicas (Un sac de Billes, Christian Duguay, Francia, 2017) basada en la novela autobiográfica de Joseph Joffo. Como en el caso de La Vida de Calabacín, un éxito editorial desde su publicación en 1973.

Joseph (Dorian Le Clech) es un niño judío en la Francia invadida durante la Segunda Guerra Mundial, que por petición de su padre, un pacífico peluquero, debe huir junto con su hermano mayor de París para llegar a territorio libre.

Para ser honestos, el filme sigue las convenciones e incluso chantajes emocionales del género. Digamos que se regodea en situaciones melosas casi a lo largo de toda la historia: Maurice, el hermano mayor carga a Joseph luego de que este es herido y le dice “jamás te podría dejar, aunque te huelen los pies” “y a ti te huele el trasero” le responde el niño, con una canica como símbolo de la infancia que se va… en fin.

Pero en su conjunto, la obra funciona precisamente por su complacencia y el poco pudor que tiene para apelar a las emociones de primer plano de un público con lágrima fácil. Entre quien se incluye el que esto escribe. Dicho lo anterior, sobre advertencia, no hay engaño.