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La vida útil de un político mexicano | Juego de palabras | Gilberto D’Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Aceptar que la vida de un político puede ser útil en cualquiera de sus estadios requiere de una gran amplitud mental, pero  estoy seguro de que la mayoría de mis clientes padecen de ese peligroso defecto, y de que van por la vida convencidos de que los cerebros son como los paracaídas: para que funcionen, tienen que estar abiertos.

Allá por los rugientes 60, se decía que las tres cosas más inútiles de México eran; “La vida inútil de Pito Pérez”, el pito inútil de Salvador Novo, y la puta vida de Pita Amor. También se decía que quien no sirviera para nada, servía para político. (O para columnista, lo que ocurriera primero).

Aquí, algunos sedicientes practicantes del arte de lo posible fueron, o son, especialmente afortunados. Nos recuerdan el comentario de De Gaulle acerca de los Estados Unidos, que había ido de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización. La mayoría de ellos, los sedicientes, dejaron el anonimato para ir a la cúpula, sin pasar por la Revolución, ni por la legislación, ni por la gobernación. No fueron generales, no fueron gobernadores, jamás compitieron por un puesto de elección popular, ni siquiera una triste diputación (de la que dicen que la comisión dura tres años, y la vergüenza toda la vida). Los últimos Presidentes priístas fueron de esa condición, y quizá por ello y  ellos, el tricolor tuvo que hacerse a un lado y darle paso a la Docena Trágica. Ahora la oposición parece muy interesada en revivir la práctica, con  candidatos que no reconocerían una urna electoral aunque se la presentaran en charola de plata, rodeada de berros.

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La vida activa de un político mexicano es de alrededor de medio siglo. Durante esos 50 años puede acceder a la política –que tiene más entradas que el Periférico– como “gutierritos”, líder, pariente o Lalo la lana.  E inicia  la cuesta de las encuestas. Síndico, presidente municipal, diputado local, diputado federal, senador, gobernador. Y se monta en la resbaladilla: embajador, senador, dirigente partidario, subsecretario, diputado constituyente, candidato independiente, “et caetera”.

El español es travieso. Y le llama cuadros a los que debería llamar redondos, porque solo sirven para rodar. Entonces los sistemas reciclan –que viene de ciclo, que también es redondo- sus cuadros, y éstos, en su muelle devenir por el organigrama republicano, rara vez sirven al pueblo. Sus intereses son, primero, los personales; luego, los de su grupo; finalmente,  los de su partido.

Ahora las elecciones de junio aportarán una nueva tanda de mil 700 aprendices de brujo a un costo de  15 mil 473 millones de pesos. Mientras, vuelve a bajar el pronóstico del PIB y a subir la cotización del dólar y la inflación. Y pa’cabarla de chingar, ya ni modo de pedirle prestado a Slim.

Buenos días. Buena suerte.

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