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La vigencia del legado del presidente Juárez | Raúl Aarón Pozos Lanz*

  • Raúl Aarón Pozos

El pasado 21 de marzo se conmemoró el CCX natalicio de don Benito Juárez. Miles de textos se han escrito sobre quien es sin duda uno de los expresidentes más recordado, más apreciado y ubicado muy positivamente en la memoria e imaginarios colectivos de nuestro país. Pocos personajes de la historia mexicana son tan estudiados, tan celebrados y están tan presentes como el presidente Juárez. Su historia y su legado están firmemente unidos a la de México y su personalidad es, hoy por hoy, no solo un referente de superación personal, sino más fundamentalmente, una aspiración colectiva de todos los mexicanos para hacer imperar en México un sentido republicano y de decoro público.

Tan solo la presencia de su carácter, su tenacidad y clara visión de objetivos son ya un ejemplo a seguir por todos nosotros. Nacido en el Estado de Oaxaca el 21 de marzo de 1806, hijo de padres agricultores indígenas, quedó huérfano cuando apenas tenía tres años. 12 años después en 1818 fue a vivir con su hermana en la ciudad de Oaxaca. Tuvo que aprender a leer y escribir pues solo dominaba su lengua materna, el zapoteco, sin embargo, muy pronto pudo ingresar al Seminario de Santa Cruz en 1824, donde estudió latín, filosofía y teología. Posteriormente estudiaría la carrera de derecho en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca para obtener el grado de licenciado en derecho en 1834. Antes de esto, se convirtió en regidor del ayuntamiento de Oaxaca en 1831 y diputado local en 1833 y posteriormente ya en 1847 se traslada a la ciudad de México pero ahora como diputado federal.

Pero es sin duda en el terreno de los asuntos públicos, más allá del envidiable carácter para forjar su vida en un contexto muy adverso, donde su legado se magnifica. Después de su encargo como diputado federal, y debido a la invasión de Estados Unidos en 1847, regresa a su estado natal, se convierte en magistrado del Tribunal Superior de Justicia, juez civil y finalmente ocupa el cargo de gobernador en 1847.

Cuando Antonio López de Santa Anna regresa al poder, Juárez fue enviado al exilio y es entonces cuando se une con Ignacio Comonfort y Juan Álvarez en el movimiento revolucionario inspirado por el Plan de Ayutla de 1854. Al triunfo de ésta, se abre paso a las que conocemos como las leyes de reforma, expedidas el 23 de noviembre de 1855 y que se tradujeron en la Ley sobre administración de justicia, y orgánica de los tribunales de la nación, que suprimió los fueros eclesiásticos y militares dentro de la presidencia de Juan Álvarez. Juárez es nombrado como ministro de Justicia e Instrucción Pública en 1855, para posteriormente ser nombrado ministro de gobernación en 1857 y debido a las presiones ejercidas sobre el Gobierno radical, el presidente Álvarez renuncia y su lugar es tomado por Comonfort, quien nombra a Juárez como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cargo que legalmente, lo convertía en el vicepresidente de México.

Sin embargo, Félix Zuloaga, general conservador traiciona a Comonfort, lo obliga a renunciar al cargo y es entonces cuando Juárez asume la Presidencia de la República. Después de huir del país y tras varios años, Benito Juárez García, portaría por 14 años la banda presidencial y se convirtió, como ya señalé líneas arriba, en una de las figuras más emblemáticas de nuestro país no solo del siglo XIX, sino de nuestra historia.

Bastaría analizar el enorme legado que Juárez dejó con las Leyes de Reforma para dimensionar su influencia en la historia de México. Sin embargo, otros tantos de sus pensamientos, recuperados de algunos de sus discursos, dejaron sentadas las bases para acciones de política pública que aún hoy son vigentes. Pocas frases son tan poderosas y le han dado tanto prestigio a México como por la cual no solo se reconoce el pensamiento de Juárez a través de generaciones, sino que se ubica con claridad a México en todo el mundo: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Ese dictum se ha convertido en principio fundacional de la política exterior de México.

Pero el pensamiento de Juárez, más que legado, es también agenda pendiente para todos, sobre todo, para quienes tenemos la enorme responsabilidad de gobernar y sobre este tema, Juárez es más vigente que nunca: “Tengo la persuasión de que la respetabilidad del gobernante le viene de la ley y de un recto proceder y no de trajes ni de aparatos militares propios solo para los reyes de teatro”. El presidente Juárez, no solo es memoria, sino sobre todo, una proyección y aspiración de futuro. Ejemplo personal y aspiración de nación.

/arm