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La voz de la IP

  • Valeriano Suárez / La Voz de la IP

A un año del Ángel (el principio del fin)

“Nos asumimos como parte de una sociedad civil que exige y una obligación que asumimos también como propia es nunca dejar sola a esta sociedad, porque antes que empresarios todos nosotros somos ciudadanos”.

Gustavo de Hoyos Walter, presidente Nacional de Coparmex

MAZATLÁN, Sin.- En Junio pasado, hace ya un año, un grupo de empresarios de Coparmex nos dimos cita en el monumento al Ángel de la Independencia para exigir la aprobación de una legislación robusta y de vanguardia para combatir la corrupción en México.  Este, quizás haya sido el acto mas relevante -desde el sector privado -en la historia reciente de nuestro país y que derivó (después de múltiples acciones de “La Ruta Anticorrupción”) en la promulgación de las siete leyes del Sistema Nacional
Anticorrupción.

Hoy, a escasas semanas del cumplimiento del plazo constitucional para la aprobación -en las 32 entidades- de los sistemas locales anticorrupción, los empresarios de Coparmex podemos decir -con todas sus letras- que  no hemos gozado de tregua en esta tarea de construir instituciones confiables y eficientes para la custodia del patrimonio público de todos los mexicanos.

Nos hemos multiplicado en la realización de decenas de foros anticorrupción, en la mayoría de los estados, en todo el territorio nacional. Hemos atendido innumerables mesas de trabajo y reuniones con múltiples grupos parlamentarios, instituciones y servidores públicos con quienes coincidimos y distendimos bajo la máxima de que nuestra lucha no está dirigida en contra de ningún político -en particular-  sino en contra de la corrupción y la impunidad de los corruptos.

Nos hemos dado a la tarea de colaborar, cooperar y vertebrar el esfuerzo social a través de alianzas estratégicas con diversas organizaciones de la sociedad civil (IMCO, Transparencia Mexicana, FUNDAR, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, Fundación para La Justicia y el Estado Democrático de Derecho, World Justice Project, y muchas mas).

Es admirable la convicción y determinación de empresarios y ciudadanos en esta lucha. Es ejemplar todo el esfuerzo, generosidad y trabajo en favor de un país donde prevalezca el Estado de Derecho. Me parece que – en este ejercicio- la sociedad ha ganado mucho y nuestra Coparmex ha sido capaz de traspasar ese umbral que delimita a las organizaciones empresariales en favor de una articulación social mucho más amplia y rica en diversidad y contenidos. Esta lucha no es limitativa de empresarios, académicos, lideres de opinión o defensores de derechos humanos; es una lucha de toda la sociedad y de todos los ciudadanos.

Quizás la enseñanza más importante (de lo que fue aquella denominada “Primavera Mexicana”) ha sido demostrar que múltiples ciudadanos de diferentes sectores y convicciones fuimos capaces de ponernos de acuerdo en lo fundamental y nos comprometimos en una sola causa: un mejor país libre de corrupción.  También -no es cosa menor-  el hecho de que mientras en otras latitudes los movimientos sociales trascendentales se organizaron en torno a derrocar a un régimen, en México lo hicimos para construir y fortalecer nuestras instituciones públicas. Por eso; bien dice Eduardo Bohórquez, Director de Transparencia Mexicana que los mexicanos tenemos también que aprender a ganar. Falta mucho por hacer, en materia de impunidad, simulación y corrupción, pero la victoria de la primavera del 2016 es una realidad y un logro de toda la sociedad, incluidos los legisladores y los servidores públicos implicados.

El horizonte es desafiante, pasar de la letra a las acciones, implementar los sistemas anticorrupción en todo el país y que estos ofrezcan resultados. Que se reduzca la corrupción y que quienes participen en estos actos ilícitos tengan consecuencias judiciales, políticas y sociales.

Uno nunca sabe -a ciencia cierta- lo que está por venir (aquello que nos deparará el futuro) pero lo que debemos tener por cierto es que aquel 16 de Junio del 2016 un grupo de empresarios representando a miles de empresas y millones de ciudadanos en nuestro país – frente al Ángel de la Independencia- determinamos el principio del fin de la corrupción en México.