imagotipo

La Voz de la IP. Al sur del muro de Trump

  • Valeriano Suárez / La Voz de la IP

  • imp-valerianoValeriano Suárez Suárez. Vicepresidente de Estado de Derecho y Democrático de Coparmex
  • Al sur del muro de Trump

En su libro: “Por qué fracasan los países; los orígenes del poder, prosperidad y pobreza”, Daron Acemoglu y James A. Robinson concluyen que la prosperidad no depende de condiciones geográficas, culturales o de la existencia de recursos naturales. El progreso y las oportunidades están sujetas a la generación de instituciones democráticas e inclusivas que permitan el acceso a los recursos y potencialidades de cada país de manera equitativa y abierta, con las mínimas restricciones posibles.

Como ejemplo, plantean el caso particular de la ciudad de Nogales, dividida por la frontera entre Arizona y Sonora. La situación geográfica, los recursos naturales y la cultura transmitida desde la fundación de esta comunidad, son idénticas.

Sin embargo, los autores describen puntualmente sus enormes diferencias: “La vida al sur de la valla-a solo unos metros de distancia- es muy diferente: el ingreso de un ciudadano promedio equivale aproximadamente a una tercera parte del que obtendría en Nogales Arizona. La mayoría de adultos, en Nogales Sonora, no terminaron la preparatoria y muchos jóvenes no están en la escuela. Salud publica deficiente condiciona una esperanza de vida menor a la de sus vecinos del norte. Los servicios públicos son mediocres. La ley y el orden se encuentran en mucho peores condiciones. El crimen es alto y abrir un negocio es una actividad de riesgo. No solo por la amenaza de ser blanco de la delincuencia, sino para cumplir con toda la normatividad requerida y sortear la densa y áspera burocracia. Los habitantes de Nogales, Sonora padecen de políticos ineptos y corruptos todos los días”.

Según cifras de la organización Pew Research Center, el total de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos ronda los 12 millones. Si consideramos el total de inmigrantes y sus descendientes, hoy en la Unión Americana viven casi 35 millones de mexicanos.

¿Qué pasa en nuestro país para tener que emigrar? ¿Por qué no somos capaces de generar las condiciones y oportunidades necesarias para que cualquier mexicano-sin importar su procedencia o clase social- pueda aspirar a vivir con dignidad en su propio país?

Me temo que la posición de nuestro Estado y sociedad ha sido excesivamente cómoda e indiferente. Son muchos millones de mexicanos con quienes no tenemos compromiso alguno para brindarles educación, salud o cualquier otro servicio público. Asimismo, nos generan una fuerte cantidad de divisas (aproximadamente 26 mil millones de dólares en 2016 según el portal del Banco de México) que se dispersan en todo nuestro territorio y especialmente en las zonas más marginadas. Recursos económicos que se convierten en tabla de salvación para varios millones de familias en México.

Hace ya algún tiempo, durante la presidencia de Felipe Calderón, éste presumía como merito nacional, que un mexicano, José Hernández (hijo de un emigrante de La Piedad, Michoacán) se había convertido en astronauta. Reproduzco parte del artículo publicado por Sabino Bastidas en el diario El País: “ El presidente de México, Felipe Calderón, dijo en uno de los homenajes, -la brillante historia de vida de José Hernández es y debe ser un ejemplo para los mexicanos-. ¿Lo dice en serio? ¿Cuál es el ejemplo, señor presidente? ¿Irse? ¿Nacer en Estados Unidos? ¿Migrar? ¿Buscar allá las oportunidades que no se tienen aquí?”.

Volviendo al libro de Acemoglu y Robinsón: “Claro, hay una simple y obvia explicación para la diferencia entre las dos partes de Nogales: la frontera que las separa”. En Nogales, Arizona sus ciudadanos tienen acceso a las instituciones económicas de Estados Unidos, lo cual les permite elegir su profesión, estudiar, adquirir habilidades y estimular a sus empleadores a invertir en la mejor tecnología, lo que lleva a mejores salarios para ellos. También tienen acceso a instituciones políticas que les permiten tomar parte en el proceso democrático para elegir a sus representantes y remplazarlos si estos faltan a su confianza. Aquellos en Nogales, Sonora no tienen la misma suerte. Viven en otro mundo, moldeado por otro tipo de instituciones. Esta diferencia entre las instituciones crean incentivos diametralmente opuestos para los habitantes de los dos Nogales. Estos incentivos son la razón fundamental de la diferencia de la prosperidad económica a ambos lados de la frontera”.

Es comprensible que la idea del muro de Trump nos provoque una actitud de rechazo, más aún la inaceptable propuesta de financiar su construcción. Sin embargo, en lugar de desgastarnos con esta retórica –excesiva ya en actores políticos a ambos lados de la frontera- deberíamos (los mexicanos) concentrarnos en apretar el paso en el fortalecimiento de las instituciones económicas, políticas y sociales que nos permitan disminuir la enorme brecha de desigualdad social que padecemos. Un cambio de paradigma donde el éxito de cualquier persona -sin excluir a nadie- sea resultado del esfuerzo y el trabajo; del merito personal y de la capacidad profesional. Para esto, como premisa fundamental, es imperativo que modifiquemos los incentivos de quienes pretenden acceder al servicio público. Este -como su nombre indica- debe ser un oficio por vocación y convicción. No una manera de utilizar el poder para acceder a privilegios y desviar recursos públicos con el fin de enriquecerse.

El mismo Bastidas (en su artículo al que ya hice referencia con anterioridad) describe que en una ocasión-cuando Antonio Villaraigosa siendo presidente de la Asamblea de California, fue invitado a cenar en casa del empresario mexicano Carlos Slim- se le pidió que como mexicano-estadunidense explicara la diferencia que había entre México y Estados Unidos. Quien llegó a ser alcalde de Los Ángeles contestó: “Mire usted, es muy simple, si mi familia se hubiera quedado a vivir en México, el día de hoy yo estaría sirviendo esta cena”.