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La Voz de la IP. Volver al pasado

  • Valeriano Suárez / La Voz de la IP

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  • Valeriano Suárez Suárez. Vicepresidente del Estado de Derecho y Democrático de Coparmex

Resulta paradójico que en un país destacado por su avanzada tecnología, cuna de las empresas más innovadoras y disruptivas del orbe, a través de un discurso xenófobo, amenazante y muy agresivo –especialmente contra México–, Donald Trump haya llegado a la Casa Blanca con la promesa para sus votantes de volver al pasado.

La comunidad académica de Estados Unidos, que cuenta con alguna de las universidades más reconocidas y progresistas del mundo, debe estar perpleja ante esta obsesión del nuevo presidente: la visión a sus espaldas.

General Motors y Ford representan un gran orgullo de la industria automotriz americana y, sin discusión, son empresas globales y emblemáticas. Sin embargo;  no debemos tener duda al afirmar que para encontrar el mejor momento de la existencia de estas dos grandes corporaciones, construyendo automóviles a gran escala, debemos de voltear hacia su historia. Especialmente si las comparamos con la ola de nuevas empresas de la industria del conocimiento en América del Norte y en el mundo.

Hoy en día, si sumamos el valor de mercado de estas dos grandes empresas automotrices, la cifra solo representa cerca de una sexta parte del valor de capitalización de Apple, algo menos de una cuarta parte del valor de Microsoft y un poco menos de la tercera parte del valor de Amazon o Facebook.

En resumidas cuentas, se requerirían de treinta y tres empresas con valores de mercado similares a Ford o General Motors para alcanzar el valor bursátil combinado de estos cuatro gigantes de las nuevas tecnologías de la información.

Según la revista Forbes cuatro de las cinco marcas más valiosas en el mundo son de empresas relacionadas a la tecnología: Apple, Google, Amazon y Facebook. Puede que en el universo de Trump y sus seguidores, volver a los años de gloria de la industria automotriz americana –con automóviles fabricados en su país y con mano de obra estadunidense–, represente un anhelo para hacer grande de nuevo a Norteamérica.

Solamente, me parece que olvidan tomar en cuenta el hecho de que por aquellos años gloriosos no existían aún los teléfonos inteligentes, mismos que hoy si tenemos y que, a pasos agigantados, están cambiando el mundo.

Bien entrados ya en el siglo XXI, el automóvil y la evolución que este ha venido observando han perdido vigencia para dar paso al concepto de movilidad.

En muy pocos años UBER, –una aplicación tecnológica que ofrece servicios privados de transporte–, ha permeado en cientos de ciudades de todo el mundo, con un crecimiento exponencial, realizando miles de millones de viajes por año. Muchos entienden a esta empresa como una alternativa al servicio que brindan los taxis convencionales, pero la realidad es que se ha convertido en competencia directa de los autos particulares.

Expertos contemplan, en un futuro muy cercano, automóviles auto-dirigidos que serán compartidos –reduciendo drásticamente el número de vehículos en circulación–, y que controlaremos a través de una aplicación. No habrá necesidad de guardar el auto, se resolverán los enormes problemas de estacionamiento y esto permitirá espacios públicos más amigables y ciudades reconformadas para los peatones, y ya no para los autos.

Para México, el sector automotriz ha significado una gran oportunidad para desarrollar una plataforma tecnológica e industrial que nos ha permitido convertirnos en uno de los principales fabricantes en el mundo.

Ha sido un gran logro, pero a diferencia de la visión que denota el nuevo presidente de Estados Unidos, la nuestra debe apuntar hacia el futuro:

Orientar nuestras capacidades hacia la innovación en el transporte público y la movilidad; mejorar la infraestructura para hacer mas amigables, atractivas y competitivas nuestras ciudades; aprovechar nuestro bono demográfico, patrimonio cultural y la creatividad que nos distingue, apostándole a la educación y al emprendimiento; resolver las fallas en nuestras reglas de convivencia, y contribuir al cuidado escrupuloso del medio ambiente para incorporarnos a la ola de innovación que impulsan las principales economías del mundo.

No debe extrañarnos si algún día, no tan lejano, tengamos que agradecer al señor Trump por su retrógrada misión de repatriar una industria cuyo horizonte apunta a un cambio radical y que, sin la visión adecuada, en poco tiempo puede convertirse en un cementerio de elefantes.

Twitter: @valerianosuarez