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Lágrimas… / Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Corrían las primeras horas del primero de septiembre de 1982. Desde la Tribuna del Congreso de la Unión, la más alta del país dicen los cronistas parlamentarios, José López Portillo rendía su sexto y último (gracias a Dios) Informe de Gobierno. Hablaba de las cifras. De los resultados. De la crisis. De lo que dejó de hacer. Y tocó el tema de los pobres, a los que no les cumplió lo prometido.

Sin registro alguno en la historia de los informes presidenciales en México, de pronto el hombre que se comprometió a defender el peso como un perro y presumía el orgullo de su nepotismo, calló y lloró.

¿Sirvieron de algo sus lágrimas? Ahora sí, como dicen los clásicos, ¡que la historia las valore! A colación, porque ayer el hombre que dirige al país más poderoso del mundo y que sin embargo no ha logrado que el Congreso le apruebe sus propuestas, derramó lágrimas por la muerte de los niños de la escuela Sandy Hook, Newton, Connecticut y que fueron asesinados por fanáticos islámicos.

Sí, Barack Obama no pudo (o montó la escena) contener el llanto y por sus mejillas rodaron lágrimas que secó con el dorso de su mano. Al anunciar la medida ejecutiva de regular la venta de armas, el presidente norteamericano clamó: los intereses han secuestrado al Congreso, pero no secuestrarán a Estados Unidos.

Como regalo de Reyes, el poderoso hombre se envalentonó y, probablemente porque está en su último año de gobierno, dejó claro que persistirá en el control de la venta de armas sin violentar la segunda enmienda.

Lágrimas presidenciales. ¡Bah!

Twitter: @jesusmichelMx