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Laicismo y oportunismo / Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

“Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa”.

Eduardo Galeano

1. Los laicos de palabra. El ciudadano presidente Peña Nieto le dijo al papa Francisco, con firmeza actuada, que “en México está vigente el Estado laico”, sin embargo, el inquilino de Los Pinos no pudo resistirse a emitir su orientación religiosa, que por supuesto vulnera derechos, al señalar, “en las calles y en los estadios que visitará se encontrará con un pueblo generoso y hospitalario; con un pueblo orgullosamente guadalupano”. Cuidado, al decir esto se atropella a 20 millones de mexicanos que no son guadalupanos, lo cual evidencia una notable falta de cuidado en las palabras del Ejecutivo. Aunque, en realidad, poco importó para el festival de abrazos y arrumacos que se dieron los asistentes al festival VIP en Palacio Nacional.

2. Fotografías como herramienta electoral. La ridiculez no tiene límite. Ver la jauría humana buscando la pose más adecuada con el representante del Vaticano, dibuja de cuerpo entero a una clase política camaleónica y oportunista. No se trata, por supuesto, de limitar los derechos a profesar cualquier religión, lo que sucede es que los gobernantes reunidos en Palacio estaban representando a los ciudadanos de sus entidades, no era una reunión privada ni una liturgia exclusiva; desde Peña Nieto, sus empleados y demás convidados tenían la obligación de comportarse como representantes de un Estado laico y no lo hicieron.

3. El Papa, sus “populismos” y el cinismo. Francisco vino a realizar lo que es consustancial a su papel de convocante y cautivador de masas, sus discursos, desde el primero en Palacio y los subsiguientes en Ecatepec, Michoacán, Chiapas y Juárez, estaban destinados a presentar una opción crítica a las múltiples injusticias, y no podía ser de otra manera, un país desgarrado por la desigualdad y las violencias requería cataplasmas momentáneos que dieran a sus fieles alguna esperanza, aunque fuera abstracta y etérea. El juego entre gobernantes y el Vaticano culminó exitosamente. El Papa cumplió su cometido, es decir, hablar y saludar a muchos miles, pero sin tocar de manera concreta y específica los intereses de la clase dominante y de la clase política. Las simulaciones recíprocas fueron grotescas: denostar la opulencia y a los privilegios y, plantear alabanzas a los indígenas, a los jóvenes, a los pobres, a los presos y en general a los desposeídos. El ejercicio catártico y terapéutico fue importante, a los ricos y a los políticos se les resbalaron los dardos y, a los pobres solo se les convocó a rezar y a echarle ganas. Se repite una vez más la vieja tesis comprobada y renovada de la alianza entre el Estado y la Iglesia católica. Se sabe que ambas esferas coexisten y se alimentan entre sí, su objetivo es más que evidente, perpetuar las relaciones de opresión y control.

Epílogo. Por supuesto, no somos deterministas, no creemos que la sola presencia del representante del Vaticano sea un factor único para mediatizar y domesticar al 80 por ciento de la población mexicana, pero sin duda, su presencia confirmó la lejanía de la lucha terrenal por cambiar el modelo de dominación. La Iglesia y Los Pinos deben sentirse satisfechos, la gira fue un éxito, la repartición de visas y pasaportes al cielo funcionó.
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