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Las alianzas electorales / El Agua del Molino / Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas

Redacción / El Sol de México

Ciudad de México.- En el PRD se acaba de anunciar el inicio de una serie de diálogos con el PAN en busca de alianzas electorales para el 2016. La secretaria general del partido precisó que ya hay también acercamientos y pláticas con otros partidos políticos, aparte del PAN, para hacer alianzas con vistas al 2016, año en que se celebrarán elecciones en trece entidades del país. Al respecto es en Oaxaca donde el Sol Azteca busca una gran alianza electoral. Las siguientes palabras de su secretaria general son reveladoras en la especie: “Me parece fundamental mantener el Gobierno en Oaxaca y vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para conservarlo”. El hecho es que coalición es en síntesis ligar, unir, y no se concibe en rigor democrático que para lograr un fin electoral, el triunfo de un candidato, se coliguen partidos y candidatos de diferente y hasta opuesta ideología. En este sentido, no es aceptable que el fin justifique los medios. Las ideologías, y en especial las políticas, no deben transigir en su fondo y substancia. Así se traiciona el voto del pueblo y su fe en la democracia. ¿Cómo es posible que se consienta en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero? Esto es o sería alterar la ideología, la idea que la nutre, y alterar en consecuencia la razón de ser del voto. Otra cosa son los convenios momentáneos para lograr un determinado acuerdo en las cámaras o parlamento. Las coaliciones, quiérase que no, rompen la unidad ideológica y atomizan en la práctica el pensamiaento político.

Ahora bien, la última reforma a la Constitución en materia política y electoral fue de febrero 10 de 2014, facultando en ese entonces al Congreso de la Unión para legislar sobre el sistema de participación electoral de los partidos políticos a través de la figura de coaliciones, y determinando que debería establecerse para éstas un sistema uniforme en los procesos electorales federales y locales. En la materia es la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales la que en su artículo 12 prescribe la forma en que los partidos políticos podrán asociarse, dándole al respecto atribuciones concretas a la llamada Ley General de Partidos Políticos; y es en el capítulo II del Título Noveno de ésta Ley donde se reglamenta lo relativo a la figura de la coalición. De tal suerte en el parágrafo 1 del artículo 87 se crea la posibilidad para que los partidos políticos nacionales se coliguen en los procesos electorales para elegir Presidente, senadores y diputados (se sobreentiende federales) por el principio de mayoría relativa. El mismo derecho se extiende para los partidos políticos nacionales y locales en lo que corresponde a las elecciones de Gobernador. No obstante, repito, las coaliciones rompen lo más relevante del espíritu democrático en Occidente. En efecto, en una democracia no se concibe el sentido del voto solo para lograr un fin práctico. Maurice Duverger dice que cuando el poder se alcanza nada más por el poder, se pervierte la razón de ser de la democracia. Insisto, caben las alianzas para lograr un objetivo intermedio, de ubicación en la línea ascendiente hacia el poder. Pero coligarse para gobernar es gobernar a medias, entre corrientes de pensamiento contrarias. ¿O es que acaso hay poder sin Gobierno y Gobierno sin poder? El telos del poder es el Gobierno. ¿Y qué es gobernar? Llevar a cabo un proyecto anunciado, concebido con una ideología particular, singular. Otra cosa es que en el acto de gobierno se oigan distintas opiniones, se las reflexione y asimile si son compatibles con aquella ideología particular. La democracia no es una mezcolanza de ideologías, sino el ejercicio social en que pueden participar todas. Es un proceso de selección, no de confusión. En suma, ojalá en el 2016 y luego en el 2018 no seamos los electores testigos de un caos ideológico, de una rebatinga por el poder a costa de la congruencia ideológica.

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