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Las disculpas / El Agua del Molino / Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas

El prefijo “dis” indica negación o contrariedad, por lo que la palabra “disculpa” significa razón que se da o causa que se alega para excusar o purgar una culpa (Diccionario de la Real Academia Española). El hecho, pues, es que hubo culpa en aquello a lo que se ha referido el Secretario de la Defensa Nacional. Desde luego, pedir disculpas implica, en principio, tener un espíritu generoso. La pregunta es si en el caso o casos es suficiente y qué significa así mismo pedirlas. El Secretario de la Defensa Nacional aludió en concreto a hechos que sucedieron hace casi catorce meses en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, y en los que una joven de veintidós años fue torturada por dos militares y una policía federal. Esto, al margen de que los presuntos responsables se hallen sujetos a proceso y de que sean investigados por la Procuraduría General de la República por el delito de tortura.

Ahora bien, las disculpas a que me refiero traen una cauda muy grande, como la consistorial. Es enorme porque se remonta a una participación del Ejército sin respaldo constitucional. La fracción VI del artículo 89 de la Constitución prescribe que es facultad y obligación del Presidente de la República: “Preservar la seguridad nacional, en los términos de la ley respectiva, y disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente, o sea del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación”. Por su parte y derivada de ese artículo la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos determina en sus artículos 11 y13 que: “El Mando Supremo del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, corresponde al Presidente de la República, quien lo ejercerá por sí o a través del Secretario de la Defensa Nacional… el Presidente de la República dispondrá del Ejército y Fuerza Aérea, de acuerdo con lo establecido en el artículo 89 fracción VI de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”. A su vez los artículos 5 y 6 de la Ley Orgánica de la Armada de México ordenan que: “El Presidente de la República es el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas”, teniendo como obligaciones y atribuciones entre otras: “Disponer de la totalidad de las fuerzas que constituyen a la Armada de México en los términos de la fracción VI del artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”. Las Fuerzas Armadas obedecen a su Comandante Supremo con base en una disciplina y lealtad absolutas, que las definen y caracterizan (hay incluso una Ley de la Disciplina Militar). Es de aclarar, igualmente, que la seguridad nacional a la que hace referencia la fracción VI del artículo 89 deriva de la paz púbica a la que alude el artículo 29, y viceversa, por lo que son conceptos complementarios. Aclaro que son varias ideas las que últimamente se han estado analizando en la materia: seguridad nacional, paz pública, seguridad interior y seguridad pública. A mi juicio no hay una diferencia notable entre seguridad interior y seguridad pública porque la interior encaja en la idea de seguridad nacional al margen de que la seguridad nacional en el contexto de la fracción VI guarda relación con la soberanía e integridad territorial, siendo que el artículo 29 distingue perfectamente los casos de invasión, perturbación de la paz pública o cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto. En lo tocante a esto y dentro del contexto del artículo 29 se trata de cuestiones criminales o políticas que no ameritan la presencia del Ejército. Es decir, exceptuando la invasión no hay razón para que intervengan el Ejército o la Armada porque lo demás es propio y exclusivo de la policía. De las leyes militares que he citado se verá que sus miembros prestan servicios, digamos, de cooperación civil (por ejemplo, asistir a la población en catástrofes naturales u otras contingencias), los que no guardan relación alguna con lo que hoy hacen.

¿Disculpas?
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