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Las escritoras más leídas

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

El ranking está encabezado por  Agatha Christie, con cientos de millones de libros vendidos en 103 lenguas, seguida de Joanne Rowling, Gabriela Mistral, Sor Juana Inés de la Cruz, —por más que no me guste— en quinto lugar está Isabel Allende, la sigue Jane Austen, Virginia Woolf, Emily Brontë, Mary Shelley, Charlotte Brontë, Rosalía de Castro, Laura Esquivel, Suzanne Collins con su mega éxito “Los juegos del hambre”, Alfonsina Storni, Corín Tellado, Ana María Matute, Carmen Laforet, Rosario Castellanos, Anne Brontë, Alejandra Pizarnik, Almudena Grandes, María Luisa Bombal, Carmen Martín Gaite y otras muchas, entre ellas Alice Munro; de las escritoras mexicanas más leídas están Laura Esquivel y la genial Rosario Castellanos.
Laura Esquivel

¿Quién no habrá leído algo de esta autora mexicana? A pesar de una narrativa bastante desigual, con algunos baches como “La ley del amor”, “Como agua para chocolate”, “A Lupita le gustaba planchar” y ahora “El diario de Tita”, Esquivel es una de las escritoras más vendidas en el mundo y más leídas también, algo que no siempre van juntos. Veinticinco años después de la publicación de Como agua para chocolate y luego de haber conquistado a más de siete millones de lectores, Laura Esquivel vuelve con la segunda parte de esta maravillosa historia aderezada con las pasiones, la magia de la gastronomía y la búsqueda del amor. En estas páginas nos adentramos en el universo íntimo de Tita de la Garza a través de su diario. Desde el instante inolvidable en el que descubre el amor hasta el día que debe renunciar a él, para cuidar a su madre, de acuerdo con una antigua tradición familiar. Este doloroso acontecimiento, lejos de confinarla a la soledad y el silencio, la llevará a encontrar sus dos vías de expresión: mediante la escritura dialoga consigo misma y, a través de la cocina, se comunica con el mundo y los otros. El diario no solo es un espacio para atesorar secretos, deseos y sinsabores.
El diario de Tita

En él, Tita comparte sus fotografías familiares, cartas, flores y otros objetos impregnados con el encanto de la nostalgia. A su vez, narra veinte años de la historia que no están contemplados en “Como agua para chocolate”, arrojando nueva luz para comprender a los personajes y ser testigos de la lucha vital de la protagonista para poner punto final a una tradición en la que las mujeres no tienen voz ni derecho a decidir sobre sus vidas. A la par, Tita atesora sus prodigiosas recetas en las que, junto a los ingredientes tradicionales, incorpora los destellos espirituales del maíz, el agua, la tierra, la sensualidad y todo aquello capaz de transformarnos, invitándonos a recorrer un camino de vitalidad, luz y amor. Elementos con los que la autora vuelve a entregarnos un impactante relato que nos permitirá reencontrarnos con la cautivadora historia que le ha dado vuelta al mundo. Este libro tiene el sello Suma, de la editorial Planeta.
Rosario Castellanos

De la autora comiteca se ha leído y estudiado su poesía, narrativa y ensayo. Lo que más me gusta de ella es su finísima ironía, tan delicada en su Lección de cocina, transcribo la primera parte de un texto que debería ser leído como introducción a su obra: “La cocina resplandece de blancura. Es una lástima tener que mancillarla con el uso. Habría que sentarse a contemplarla, a describirla, a cerrar los ojos, a evocarla. Fijándose bien esta nitidez, esta pulcritud carece del exceso deslumbrador que produce escalofríos en los sanatorios. ¿O es el halo de desinfectantes, los pasos de goma de las afanadoras, la presencia oculta de la enfermedad y de la muerte? Qué me importa. Mi lugar está aquí. Desde el principio de los tiempos ha estado aquí. En el proverbio alemán la mujer es sinónimo de Küche, Kinder, Kirche. Yo anduve extraviada en aulas, en calles, en oficinas, en cafés; desperdiciada en destrezas que ahora he de olvidar para adquirir otras. Por ejemplo, elegir el menú. ¿Cómo podría llevar al cabo labor tan ímproba sin la colaboración de la sociedad, de la historia entera? En un estante especial, adecuado a mi estatura, se alinean mis espíritus protectores, esas aplaudidas equilibristas que concilian en las páginas de los recetarios las contradicciones más irreductibles: la esbeltez y la gula, el aspecto vistoso y la economía, la celeridad y la suculencia. Con sus combinaciones infinitas: la esbeltez y la economía, la celeridad y el aspecto vistoso, la suculencia y… ¿Qué me aconseja usted para la comida de hoy, experimentada ama de casa, inspiración de las madres ausentes y presentes, voz de la tradición, secreto a voces de los supermercados? Abro un libro al azar y leo: “La cena de don Quijote.” Muy literario pero muy insatisfactorio.
Crítica del mundo patriarcal

Porque don Quijote no tenía fama de gourmet sino de despistado. Aunque un análisis más a fondo del texto nos revela, etc., etc., etc. Uf. Ha corrido más tinta en torno a esa figura que agua debajo de los puentes. “Pajaritos de centro de cara.” Esotérico. ¿La cara de quién? ¿Tiene un centro la cara de algo o de alguien? Si lo tiene no ha de ser apetecible. “Bigos a la rumana.” Pero ¿a quién supone usted que se está dirigiendo? Si yo supiera lo que es estragón y ananá no estaría consultando este libro porque sabría muchas otras cosas. Si tuviera usted el mínimo sentido de la realidad debería, usted misma o cualquiera de sus colegas, tomarse el trabajo de escribir un diccionario de términos técnicos, redactar unos prolegómenos, idear una propedéutica para hacer accesible al profano el difícil arte culinario. Pero parten del supuesto de que todas estamos en el ajo y se limitan a enunciar. Yo, por lo menos, declaro solemnemente que no estoy, que no he estado nunca ni en este ajo que ustedes comparten ni en ningún otro. Jamás he entendido nada de nada. Pueden ustedes observar los síntomas: me planto, hecha una imbécil, dentro de una cocina impecable y neutra, con el delantal que usurpo para hacer un simulacro de eficiencia y del que seré despojada vergonzosa pero justicieramente”. La obra de Rosario Castellanos tiene muchas ediciones, una de las más cuidadas es la del Fondo de Cultura Económica.