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Las jóvenes aspiraciones del PAN / En Cantera y Plata / Claudia S. Corichi

  • Claudia Corichi

Con el cambio de timón en el partido blanquiazul, muchas parecen ser las aspiraciones del partido de derecha en torno al ámbito electoral. Si bien la crisis interna parecía irse mitigando, la ruta hacia 2018 amenaza con generar nuevos escozores ante un Ricardo Anaya que ha visualizado su futuro dentro de una probable candidatura presidencial.

Sin embargo, el escenario es complejo. Tan solo en el pasado proceso electoral el PAN perdió poco más de 2.2 millones de votos que se dispersaron en esa pluralidad partidista que ha venido a refrescar la arena política, pasando de 9.6 millones de votos a nivel federal con respecto de las pasadas intermedias en 2009, a 7.4 millones en 2015.

Así en el PAN, los golpes visibles e invisibles se han dado por anticipado. La inesperada ruptura de la alianza PAN-PRD en Puebla es sin duda responsabilidad del dirigente nacional del blanquiazul, Ricardo Anaya, quien al cancelar la coalición en Tlaxcala y no apoyar la candidatura del sol azteca, asumió el costo de ir sin el partido amarillo en Puebla, no tanto por su peso específico en votos, sino porque en una competencia cerrada, solo con el PRD podría asegurarse una victoria frente al PRI.

Sin embargo, lo más importante de esa acción que podría haberle dado una mini gubernatura de dos años a Tony Gali, es que con la decisión se acotan las aspiraciones del actual gobernador de Puebla, Moreno Valle, quien queda relegado a un tercer lugar en las internas del PAN por la candidatura presidencial y lejos de una soñada alianza presidencial entre panistas y perredistas para 2018.

Está claro que Anaya considera que puede contender por la candidatura a la Presidencia, sin embargo ante este evidente golpe a su antes mentor y predecesor en el puesto, Madero, los aires soplen a favor de Margarita Zavala, quien de aventurarse  en último de los casos a una candidatura ciudadana mermaría significativamente la votación del PAN a nivel nacional, por lo que las consecuencias de las últimas decisiones del “Chico Maravilla” han generado graves costos en esta aún incipiente disputa dentro del panismo.

Al parecer la Presidencia Nacional del PAN genera una especie de ilusión y grandes expectativas para sus dirigentes, toda vez que Anaya no ha sido el primero en lidiar con tales aspiraciones y deseos plenipotenciarios, mismos que en el pasado han terminado traduciéndose en traiciones como la del propio Anaya a Madero, quien tuvo que olvidarse de la batuta del Grupo Parlamentario en San Lázaro para esta LXIII Legislatura.

Por ahora la apuesta de Anaya y Basave en Veracruz y otros Estados pretende dar un largo aliento a sus partidos para 2018, pues el tamaño del padrón electoral brinda la esperanza de lidiar con las pérdidas de ambos en las urnas del año pasado.

Sin una alianza entre PRD y PAN en Puebla es probable que la contienda solo se dé entre PAN y PRI este 2016. Los panistas tendrán que hacer frente a un último año plagado de escándalos desde el de Montana; José Luis Preciado y un audio plagado del más vil machismo que resulta en un doble discurso indefendible; hasta el de la diputada Lucero Saldaña, quien a pesar de ser expulsada, Anaya no ha podido dar explicaciones creíbles al respecto sobre la visita con documentos apócrifos a “El Chapo” en el penal del Altiplano.

Habrá que advertir que en un terreno de alta fragmentación ni panistas, ni perredistas parecen advertir que la Presidencia de este país podría definirse el próximo 2018 no en márgenes superiores al 30 por ciento, sino con una votación de apenas 25 por ciento, es decir que el próximo Presidente de México podría llegar a Los Pinos, de mano de apenas un cuarto de la población, lo que aseguraría prácticamente la permanencia del PRI. Los ciudadanos no solo debemos tener en cuenta tal dinámica, sino promover dos cosas básicamente, el respeto al voto y la promoción del mismo en los próximos comicios, tanto en 2016 como en 2018.