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Las lecciones de Chillida y Omar

  • Ramón Ojeda Mestre

Ramón Ojeda Mestre

Si fuera a morir mañana, cosa que no puedo prometerles, pero tampoco negar estocásticamente su posibilidad, pues nadie sabe con exactitud cuándo va a ocurrir el momento más importante de “su vida”, les diría a mis hijos que tienen que leer el extraordinario libro llamado El Último Teorema de Fermat, de Simon Singh. Aprenderían muchas cosas, pero sobre todo, sabrían del inmenso potencial que tiene la fuerza de la voluntad del ser humano, la decisión y la perseverancia. No, no es un librito de esos de “autoayuda”, más bien es una obra científica y de novelado rigor biográfico.

Todo esto viene a cuento porque he visto en estas semanas a dos grandes artistas plásticos pasar “las de Caín” para poder lograr sus propósitos estéticos. Eduardo Chillida Belzunce, uno de los más grandes pintores europeos de la contemporaneidad, originario de Donostia-San Sebastian la ciudad bellísima que acaricia con su belleza el Cantábrico allá en el País Vasco y que es en 2016 la capital cultural de la Unión Europea; pues este famoso Chillida Belzunce digo, no se apocó, ni se arrugó, ni se cortó las venas después de sufrir un espantoso accidente de motocicleta que lo dejó paralítico y con la ayuda de su madre doña Pilar y un puñado de médicos, cuyos nombres bienhechores injustamente desconozco, logró recuperar la parte izquierda de su cuerpo y con eso, a chambear.

Él quería ser pintor, tenía talento, sentimiento, ojo de halcón para los colores, las luces o las ensoñaciones y pese a que había quedado inutilizado del brazo derecho, siendo diestro, se empeñó con la zurda en empezar desde cero y a lo largo de los años, con un sacrificio que quita el aliento, ha logrado unas pinturas verdaderamente sorprendentes. Yo diría que tanto dolor le agudizó la sensibilidad, le templó el carácter, le hizo valorar la vida y la belleza del mar y de su ciudad. Chillida es a San Sebastián lo que Konstantinos Cavafis es a Alejandría o Fernando Pessoa a Lisboa, si se me permite la audacia. Sí, en este solsticio de julio, en estas noches estivales, les deseo a mis hijos amados y a mis lectores generosos lo que escribió en el poema dedicado a Ithaca y que me enseñara en griego Aristóteles Mbekas en la antigua Epidauros: “Pide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues, ¡con qué placer y alegría!, a puertos antes nunca vistos”.

Eduardo Chillida Belzunce quería ir a exponer a Oaxaca después de triunfar en el Presidente Intercontinental de Polanco y de iniciar hoy su exposición extraordinaria con cuadros de gran formato mural en Los Cabos, BCS, en la Galería de Yandi Monardo de la Luxury Avenue en Cabo San Lucas, donde con frecuencia acuden Leonardo Di Caprio, George Clooney, Cindy Crawford o mi cuate Dennis Washington, el rey de la manzana, entre otros ricos y furiosos, perdón, rápidos y famosos. Pues Chillida llegó a esta tierra de las más grandes pinturas rupestres de todo el mundo, pero no pudo ir a Oaxaca por los problemas que ya todos conocemos, ni modo.

Pero se enteró de que Omar Avilés Lucero un extraordinario pintor de la Paz Baja California Sur, joven genial, pero sin dinero, ha hecho lo imposible por asistir al Primer Encuentro Latinoamericano de Pintura al Fresco, que inicia en Puebla este miércoles y en donde Omarcillo Valiente tiene mucho que aportar y aprender pues es el más importante pintor al fresco de toda la península a pesar de su plena juventud y Chillida, junto con Enrique Ceseña de la Peña y Carlos Arámburo Fisher han hecho posible que Omar cumpla su sueño. Arrieros somos.
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