imagotipo

Las palabras del Papa / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

Primera Parte

Indudablemente que lo más importante de la reciente visita del papa Francisco es el contenido de sus mensajes, incluidos aquellos en los que hubo reclamos claros a los obispos o a los gobernantes.

Se puede no ser creyente y conmoverse igual que el más fervoroso católico ante la sensibilidad y la verdad —muchas veces descarnada— del discurso de este hombre generoso y afable ante las manifestaciones jubilosas de cientos de miles de católicos que le esperaron durante horas en perfecto orden para verlo pasar unos segundos.

No han faltado las críticas a la visita, sobre todo lo referente a la falta de mención y la negativa del Pontífice a entrevistarse con las víctimas de pederastia y con los padres de los normalistas de Ayotzinapa. Recordemos que estas visitas pasan por arduas negociaciones previas. Finalmente, el Papa se limitó a referirse a “las vidas arrebatadas” término en el que caben los 43 normalistas, las mujeres asesinadas y también los miles de desaparecidos anónimos con cuya sangre se tiñe todo el país.

Pero más allá de las críticas vayamos a las palabras. De los múltiples y sustanciosos conceptos vertidos por el papa Francisco en su visita a nuestro país, en lo personal, he aquí los que más me conmovieron en donde están las siguientes, muy directas, que pronunció en Palacio Nacional: “… un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este ‘bien común’ que en este siglo XXI no goza de buen mercado. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.

“El pueblo mexicano afianza su esperanza en la identidad que ha sido forjada en duros y difíciles momentos de su historia por grandes testimonios de ciudadanos que han comprendido que, para poder superar las situaciones nacidas de la cerrazón del individualismo, era necesario el acuerdo de las Instituciones políticas, sociales y de mercado, y de todos los hombres y mujeres que se comprometen en la búsqueda del bien común y en la promoción de la dignidad de la persona.

“Una cultura ancestral y un capital humano esperanzador, como el vuestro, tiene que ser la fuente de estímulo para que encontremos nuevas formas de diálogo, de negociación, de puentes capaces de guiarnos por la senda del compromiso solidario. Un compromiso en el que todos, comenzando por los que nos llamamos cristianos, nos entreguemos a la construcción de ‘una política auténticamente humana’ y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de ‘la cultura del descarte’.

“A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz”.

Hay muchas palabras más del Papa para recordar y lo haremos la semana siguiente. En tanto, informo que tengo las transcripciones de todos sus mensajes y con gusto los enviaré a los lectores que así me lo soliciten.
andreacatano@gmail.com