imagotipo

Las palabras del Papa / De cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

Segunda parte

Ciertamente que todas las palabras pronunciadas por el Papa están llenas de contenido, no solamente para los católicos, sino para cualquiera que tenga inquietudes morales y espirituales.  En lo personal, el discurso que dirigió a los obispos en la catedral fue muy importante. En México, de acuerdo con el INEGI, en 1970 el 96.2 por ciento de la población era católica y para 2010, bajó al 83 por ciento y sigue disminuyendo, mientras las religiones cristianas captan cada vez más seguidores. ¿Qué ha hecho la iglesia para evitar esta fuga de feligreses? No mucho, mejor dicho, casi nada. Gran parte de la culpa de este problema tiene que ver con el clero, apoltronado cómodamente en sus privilegios y dedicado a la grilla, instalado en su burocracia de sotana, con sus excepciones, claro.

Los altos prelados están muy lejos de la gente. En su mayoría no han sido capaces de transmitir, como dijo el Papa, “la ternura de Dios”.  En este conmovedor mensaje, el sucesor de Pedro expresó: “El regazo de la fe cristiana es capaz de reconciliar el pasado, frecuentemente, marcado por la soledad, el aislamiento y la marginación, con el futuro continuamente relegado a un mañana que se escabulle. Solo en aquel regazo [el del amor de la Virgen] se puede, sin renunciar a la propia identidad, «descubrir la profunda verdad de la nueva humanidad, en la cual, todos están llamados a ser hijos de Dios» (ID., Homilía en la Canonización de San Juan Diego).

Reclínense pues, con delicadeza y respeto, sobre el alma profunda de su gente, desciendan con atención y descifren su misterioso rostro. El presente, frecuentemente, disuelto en dispersión y fiesta, ¿acaso no es también propedéutico a Dios que es solo y pleno presente? ¿La familiaridad con el dolor y la muerte no son formas de coraje y caminos hacia la esperanza? La percepción de que el mundo sea siempre y solamente para redimir, ¿no es el antídoto a la autosuficiencia prepotente de cuantos creen poder prescindir de Dios?”.

Segura estoy que más de uno de estos monseñores purpurados se les puso la cara del mismo color que sus trajes, tras escuchar esa filípica, que aún dentro de su belleza poética, seguía siendo un airado reclamo. Y más adelante, expresa el Papa, con una lucidez total:

“En las miradas de ustedes, el pueblo mexicano tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes «han visto al Señor» (cf. Jn 20,25), de quienes han estado con Dios. Esto es lo esencial. No pierdan, entonces, tiempo y energías en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas, en los vanos proyectos de carrera, en los vacíos planes de hegemonía, en los infecundos clubes de intereses o de consorterías. No se dejen arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias. Introduzcan a sus sacerdotes en esta comprensión del sagrado ministerio. A nosotros, ministros de Dios, basta la gracia de «beber el cáliz del Señor», el don de custodiar la parte de su heredad, que se nos ha confiado, aunque seamos inexpertos administradores. Dejemos al Padre asignarnos el puesto que nos tiene preparado (cf. Mt 20,20-28).

¿Acaso podemos estar de verdad ocupados en otras cosas si no es en las del Padre? Fuera de las «cosas del Padre» (Lc 2,48-49) perdemos nuestra identidad y, culpablemente, hacemos vana su gracia.

Si nuestra mirada no testimonia haber visto a Jesús, entonces, las palabras que recordamos de Él resultan solamente figuras retóricas, vacías. Quizás expresen la nostalgia de aquellos que no pueden olvidar al Señor, pero de todos modos son solo el balbucear de huérfanos junto al sepulcro. Palabras finalmente incapaces de impedir que el mundo quede abandonado y  reducido a la propia potencia desesperada”.

Si el clero no atiende a este llamado urgente del Papa, si no dejan de ocuparse en todo, incluida la política nacional, y se vuelven pastores que “huelen a oveja”, la iglesia católica seguirá perdiendo almas. El papa Francisco es reformador, pero la iglesia son los fieles.
andreacatano@gmail.com