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Las perversiones de la política II

  • Jaime Alcántara

Esto es como la Física. Aquí todo se puede transformar.  Pero, la improvisación, la banalización de la política (que se dio a inicios del siglo, con sus secuelas), ocasiona que todo se entienda como si fuera cierto. Pareciera que pocos quieran hacer lo correcto. Y, entonces, más motivos para que una noble causa, se mute por una actividad demoníaca que lo único que urde es perjudicar a los demás.

La ciudadanía está desencantada. Aquí, allá, acullá, quizá como nunca. De todos los partidos, sin excepción. Y eso es peligroso. Esto puede dar pie para que, mirando la decepción, algunos personajes inadecuados encuentren condiciones para arribar como mesías, hadas con varita mágica y resulten peor de lo que hay.

La gente, tiene la percepción de que el político solo busca lucrar. Lo mismo electoralmente, para llegar al poder, que económicamente para volverse potentado. Incluso, los posibles beneficiarios de la desilusión, llegan a presentar estereotipos que ya son añejos, pero que se repiten cual si fuera en este momento. Hoy, las redes sociales permiten todo.

Claro que también el político tiene la culpa. Uno, por no aclarar y no entender lo que le daña, dos, por dejar que sus iguales, con pecados, sigan como si nada hubiera pasado.

También, hay noticiarios que ya solo se dedican a explotar el morbo del medio.

El otro componente, la violencia, le viene apenas a quienes no quieren que la política sea el medio para un desarrollo sano de la sociedad. Los escándalos, a veces magnificados, son el pretexto ad hoc, para evitar que los políticos sigan siendo confiables. Y no estoy diciendo que ellos sean la madre de la caridad, no, pero también hay aquellos que quieren el bien que, creo, son la mayoría.

Es como todo en las instituciones. Unos cuantos las degradan, pero pagan todos, por el simple hecho de estar o pertenecer a ellas.

Las campañas y las aspiraciones políticas, legítimas, por cierto, han sido la mejor manera de incentivar los denuestos, la calumnia, la infamia. Baste con que uno de ellos saque a la luz una falla de su oponente, para que este le investigue hasta el papel de baño que usa y lo trate de volver escándalo.

Alguna vez, en un “cuarto de guerra” se planteó la posibilidad de la famosa propaganda negra. Al respecto, mi comentario fue, parodiando la Biblia: si el candidato está libre de pecado
Nada peor que sustituir la propuesta por la ofensa. Todos pagan las consecuencias.

Y, hay mercadólogos políticos que se especializan solo en eso. Pero la culpa no es de ellos

Los extremos como el que vivimos, con diferentes escenarios, lo tuvieron Roma, el gran imperio, la corte francesa de Luis XVI, el zarismo de Nicolás II, Estados Unidos y la llegada de Trump. Y todo, con desenlaces.

¿Tendremos que es-perar eso, para entender lo que hay, lo que parece ser, lo que se pretende con actitudes rabiosamente antipolíticas o francamente descaradas?

Por qué no un pacto social, para mejorar la imagen de la política.

En ello, por supuesto, tendrían que ir condiciones, compromisos; meterle ética (ay Dios), prever que no haya venganzas, como aparentes actos de justicia, que no se traten de ocultar vicios, señalando a otros.

¿Ingenuo, verdad?

De no dar estos pasos, alguien pernicioso puede llegar y, México sufrirá; con ello, también los actores políticos que fueron omisos, pensando siempre que hacían lo correcto.

jaimealcantara2005@hotmail.com