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Las tareas escolares. O, Inculcar el hábito de la lectura 

  • Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara S.

¿Y, qué hay de las manifestaciones de aquellos grupos que protestan, cuando se violan los derechos humanos (delincuentes incluidos), en relación al ataque a las Fuerzas Armadas, donde murieron cinco miembros del Ejército y 10 resultaron heridos? Ellos protegen a la sociedad, que conste. ¿Y, las marchas?

Sobre el tema se han escrito infinidad de experiencias, prácticas, ensayos, análisis. Como en toda ciencia social, hay estudios que pudieran ir en pro o en contra de esta parte de la educación, de toda la vida. No obstante ello, pocos países han hecho algún cambio relevante.

Hace unos días, en un noticiario nacional, salió (quizá por primera vez) al aire, una especialista en la materia. Ella habló de una serie de datos que pudieran dar luz al tema.

El asunto no es sencillo. Se tiene información de que sólo Finlandia y Francia han prohibido las tareas escolares. Muchos otros, como Chile y España, siguen de cerca esta posibilidad, sin que a la fecha se hayan dado giros definitivos para implantar la aplicación, como en los enunciados.

Lo cierto es que hay varias ideas que podrían dar luz a lo que viene. Porque, sea como fuere, quizá esto que se ventiló sea la voz de arranque para definiciones en la materia.

Algunos expertos opinan que las tareas escolares apoyan en cuanto a que presionan al alumno para que pueda ser responsable, adquirir hábito de estudio, concluir trabajos que de otra manera pudieran ser olvidados, sin terminar; y, ayudar a administrar el tiempo para las actividades diarias, tanto académicas como las del resto de la vida familiar y social.

El asunto, bien encaminado, también empujaría a ser una manera de incentivar al alumno a realizar actividades tanto de su fin primero, como para sembrar la semilla de la responsabilidad a lo largo de su vida. Igual se habla que quienes realizan las tareas pudieran ser más eficientes, primero en la escuela, después en cualesquiera de sus funciones.

Ahora bien, qué hay de la otra cara de la moneda.

Quienes ya rebasamos los niveles de los estudiantes Snormalesn, pasamos necesariamente por esa etapa de las tareas. Qué nos dejaron esas experiencias.

Veamos. Algo de lo que recordamos son aquellas infames cargas para el diario, para el fin de semana y ,para vacacionesp. Una verdadera competencia entre mentores, sobre quién dejaba más cargas. Esto no es ningún secreto. Todos lo vivimos, lo sufrimos, lo disfrutamos, lo aquilatamos o lo dejamos al olvido; pero, de que ocurrió, no hay duda. Queda el registro en la memoria.

Y qué hay de esto último.

Algunos pedagogos (estudiosos del tema, en general), creen que la influencia de esos trabajos en casa, poco ayudan al alumno en lo académico.

Muchas veces, los padres, preocupados por el resultado de lo que entregue el muchacho en la escuela, se ponen a hacerla, infinidad de ocasiones sin el concurso del educando. Ahora bien, cuando se combinan, mayormente el alumno hace mejor las cosas que los adultos (esto lo dicen resultados de las investigaciones).

Es bien sabido, en el mismo tenor, que los profesores toman en consideración lo encargado y lo hacen valer para las evaluaciones respectivas. De allí que, una de las aflicciones, amén de las tareas, es el acicate que tienen que aguantar los alumnos. Y, esto, en muchas ocasiones no sólo se circunscribe a un regaño, a una llamada de atención. Causa, con los apremios aplicados, conflictos que pueden ser momentáneos o, hasta, resentimientos y traumas que quedan por el resto de los días.
continuará.
jaimealcantara2005@hotmail.com