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¿Le digo qué hubiera hecho?

  • Eduardo Andrade

  • Dr. Eduardo Andrade Sánchez

El Presidente preguntó durante su explicación del gasolinazo qué hubiéramos hecho en su lugar. Dado que la pregunta se formuló en pasado de subjuntivo, la primera respuesta obvia sería “hubiera construido las refinerías que necesitábamos para no depender de la importación de gasolina”. Se me dirá que eso ya no se hizo, pero podría empezar a hacerse de inmediato. Para ello tomaría 50 mil millones de dólares de la reserva internacional y financiaría a Pemex para que edificara cinco refinerías en lugares estratégicos sin esperar a que vengan inversionistas foráneos a instalarlas para llevarse las ganancias que generen. Contra el argumento de que las reservas internacionales no son para eso, diría que es mejor darles ese uso que “quemarlas” vendiendo dólares en el mercado para complacer a los especuladores. De paso, evitaría que se acusara a este sexenio de haber dilapidado recursos en vez de atender la producción de gasolina

Evitar esa absurda dependencia es vital, pues yo a mi vez preguntaría al Presidente ¿qué vamos a hacer si el precio internacional del petróleo se va al doble o el triple? ¿Vamos otra vez a quemar lo que entre de excedente para subsidiar la gasolina?

Por cierto, el pretexto del subsidio es poco sostenible. Se nos dice que este implicaría un gasto de 200 mil millones de pesos anuales y se nos presentan comparaciones poco convincentes como la de paralizar los servicios del Seguro Social que tienen un financiamiento tripartita. Tales equivalencias solo buscan impactar mediáticamente. Es más, no se trata de “un gasto adicional” de 200 mil millones puesto que por el IEPS a combustibles se previó en 2016 una recaudación de 209 mil 386 millones, tal recaudación rebasó lo destinado a cubrir el diferencial entre el monto de las importaciones de gasolina y el precio al que se vendió en México. Además, no toda la gasolina es importada, de modo que no hay razón para considerar dentro del “subsidio” a la gasolina nacional. Así, otra cosa que haría sería diferenciar el costo del combustible nacional de lo que se paga por el importado. Si partimos del dato dado a conocer por Pemex, producir en México un barril de petróleo cuesta 10 pesos, ello significa que el componente constituido por el crudo en el costo del litro de gasolina mexicana es de 1.5 pesos, si a esto le sumamos el costo de refinación que es de aproximadamente 3.5 pesos por litro, resultaría que el costo de la gasolina mexicana, como parte del precio, sería cuando mucho de cinco pesos. Si calculamos dos pesos más de ganancia para Pemex, por la cual también recibirá impuestos el gobierno, no habría por qué destinar recursos a subsidiar esta gasolina. Ello significa que el supuesto subsidio debería calcularse sobre el 60 por ciento de la gasolina que proviene de fuera, el cual sería de 120 mil millones. Dado que el ingreso para 2017 por concepto de IEPS a combustibles se prevé en 284 mil 432 millones, el fisco tiene un superávit de más de 164 mil millones. Sobre esta base, lo que se puede hacer es reducir dos pesos el precio de los combustibles, dejando de cobrar 146 mil millones. Todavía habría un superávit de 18 mil millones.

La verdadera causa del aumento decretado es hacer competitivas a las empresas extranjeras, elevando artificialmente el precio para que puedan competir con Pemex, pues ellas tienen costos más altos. No habría por qué imponer precios internacionales pudiendo tener un precio nacional más barato como ocurre en la gran mayoría de países productores de petróleo. Además, no tenemos salarios de nivel internacional.

eduardoandrade1948@gmail.com