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Lee Kuan Yew: forjador de excepcional salto del tercer al primer mundo / Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Lee Kuan Yew es un excepcional dictador ilustrado, cuyo brillante desempeño bien merece ser recordado. Esta semana resulta ser una ocasión oportuna al efecto, dado que pasado mañana, miércoles 23, se cumple el primer año de su fallecimiento, el cual lamentablemente no tuvo el impacto mediático que ameritaba. Se trata de un caso de personalidad única, irrepetible, que no puede servir de ejemplo, ya que constituye en sí mismo una exótica excepción a la regla fundamental de aplicación generalizada que constituye la advertencia formulada por Lord Acton.

Recordemos que el barón John Emerich Edward Dalberg Acton se ha vuelto célebre en especial por una frase que ni siquiera fue escrita en un libro de amplia difusión, sino en una simple correspondencia personal, en una carta de 1887 dirigida a su amigo el obispo e historiador Mandell Creighton. Debatían en torno a un desacuerdo: el obispo sostenía que había que tener tratamiento de especial deferencia y evitar engorrosas supervisiones con aquellas personalidades que ameritaran credibilidad y confianza como el rey o el Papa católico.

Lord Acton le responde en su carta: “No puedo aceptar su principio de que juzguemos al Papa y al Rey en forma diferente a los demás, con la favorable presunción de que ellos no actúan mal. Si existe alguna presunción contra los detentadores de poder, es exactamente la contraria, y cada vez mayor a medida que el poder se incremente… El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre malos hombres, aun cuando solo ejerzan influencia y no autoridad… No hay peor herejía que la de sostener que el puesto santifica a quien lo detenta”.

Pues bien, Lee Kuan Yew (LKY) fue un excepcional violador de esa sabia regla de aplicación generalizada. Ejerció un poder absoluto en forma dictatorial, pero no lo hizo para su beneficio personal o de su grupo de poder, lo hizo para poner orden y transformar radicalmente un pueblo atrasado económica, social y políticamente, corrupto, desordenado y con precario nivel educativo. Un pueblo que cuando LKY asumió plenamente el poder en 1965 cuando se independizó de Malasia o desde 1959, estaba más atrasado aun que el pueblo mexicano, y hoy constituye un paradigmático modelo de superación de la corrupción, de la pobreza y de la ignorancia.

Hoy Singapur es uno de los países mejor calificados en cuanto a Gobierno y pueblo por su grado de honestidad, es una de las naciones con mayor ingreso per cápita en el mundo y con más elevada calidad de la educación. Tan envidiables resultados se alcanzaron mediante vías o métodos heréticos y ampliamente condenados. Compartiendo también con la corriente del marxismo leninismo su animadversión contra la democracia, LKY decidió centralizar en todo lo posible el control sobre el poder político, de manera que al inicio estableció a su Partido de Acción Popular (PAP) como único y extendió su dominio hasta la búsqueda de un abierto control de los movimientos sindicales.

Pero los resultados que obtuvo fueron exactamente lo que la inmensa mayoría de los países desearían. Un columnista de derecha del New Yorker, pero gran conocedor de la impactante evolución de Singapur, Stan Sesser, ilustra en forma sintética los deslumbrantes logros sosteniendo que: “El Gobierno ha debilitado a las instituciones religiosas, dominado a la prensa e introdujo invasiva censura. Posee muchas de las principales empresas y controla al único gran sindicato. A pesar del anticomunismo de Lee, estas condiciones son las de un Estado comunista: el empleo universal y las buenas viviendas para todos con ausencia de pobreza, son también parte de la retórica comunista; la única diferencia radica en que en Singapur se volvieron realidad tangible”.

Seguramente, en México desearíamos resultados iguales pero no por las mismas vías. El problema radica en que líderes como LKY o como Deng Xiaoping, el brillante y pragmático impulsor de la vertiginosa ola de crecimiento económico de China, son verdaderos garbanzos de a libra, no solo geniales e irrepetibles sino que operaron en condiciones de pueblos con alta capacidad de aceptación a la disciplina dictatorial y los mexicanos somos un pueblo hoy muy distante de ese tipo de cultura. De cualquier manera alguna provechosa lección podríamos extraer del análisis de tan impactantes experiencias.

amartinezv@derecho.unam.mx @AlejoMVendrell

Para más sobre el tema, ver: http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3763417.htm