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Legalización de drogas: un debate nacional / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

«Nihil dúbitat que nullascientiadictat»**

La resolución de la Primera Sala de la SCJN, que concedió el amparo a cuatro promoventes para consumir y sembrar la dosis necesaria para su uso lúdico, declarando para tal efecto la inconstitucionalidad de diversos artículos de la Ley General de Salud, ha sido sobredimensionada y en muchos casos malentendida.

En principio, habría que aclarar que la resolución solo beneficia, y de manera acotada, a los cuatro beneficiarios del amparo y que la argumentación para concederlo se sustenta en el derecho al libre desarrollo de la personalidad, y estima que la proporcionalidad de la prohibición normativa de ejecutar acciones relativas a la producción y el consumo de marihuana, resulta desproporcionada, toda vez que genera una protección mínima a la salud y al orden público.

Al respecto, conviene recordar que en la experiencia del último medio siglo en el mundo y en México, la política prohibicionista ha fracasado. Hasta ahora, las políticas públicas no se reflejan en una disminución de las adicciones. Y resulta innegable que en nuestro país, la persecución policíaca contra el uso y comercialización de drogas han venido a incrementar la violencia criminal y la delincuencia organizada, generando un mercado ilícito de millones de dólares que afecta la salud de la población.

Esta resolución ha puesto nuevamente en la agenda nacional la necesidad de un debate amplio, incluyente e informado para que se discuta la adecuada regulación del consumo y producción de drogas. La discusión y el análisis sobre la pertinencia de esta medida no es novedosa, y recientemente fue impulsada por un sector de la comentocracia y apoyada por un grupo de exmandatarios de América Latina, entre los ellos dos mexicanos.

Habrá que partir de que el susodicho debate tiene que ser un diálogo crítico e informado, por lo cual se requiere difundir información puntual y precisa sobre los diversos tipos de drogas y sus efectos en la salud de quienes las utilicen. Podríamos empezar por las consecuencias que originan las drogas legales o permitidas como el alcohol y el tabaco.

Los “legalizadores” habrían de explicar si solo se refieren al consumo o si también a la producción, transporte y comercialización. Si se refieren solo a la marihuana y otras drogas naturales como los hongos o el peyote o si incluyen en la liberalización a la cocaína, a la heroína, a los sedantes, los barbitúricos, las denominadas sintéticas, los inhalantes, las alucinógenas, las anfetaminas y un largo etcétera.

Así, una vez delimitado el tema de discusión, sería probable un debate serio y racional y sobre todo, abordar el tema toral de las supuestas ventajas de la legalización. Si solo se refieren al consumo, deben tener presente que nuestro marco jurídico contempla la despenalización de éste bajo ciertos parámetros. Y también se debe revisar de manera puntual que las experiencias de otros países, como pudieran ser Holanda, Portugal, Uruguay o el Estado de California en los Estados Unidos, son permisibilidades médicas o recreacionales acotadas.

El debate nacional, es de fondo. El debate es sobre el futuro de México. El tema toral de debate en México, en este momento, debe ser el modelo de desarrollo económico y la inmensa desigualdad social que ha generado. Discutir la legalización de las drogas, si bien resulta importante y acaso necesaria en esta coyuntura, solo distrae y polariza.

**«De nada duda aquel que todo lo ignora»