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Legítima defensa o legitimar la violencia

Por JAVIER CRUZ ANGULO

Los mexicanos estamos nadando en un mar de violencia. La violencia la ejercen los delincuentes, los agentes del Estado mexicano o la sociedad a través de linchamientos o justicia de propia mano. El problema no es sencillo y por ello, no admite respuestas triviales, simples o repeticiones a través de hashtag. Tratar de solucionar un evento delictivo (o la violencia) por medio de fórmulas mágicas o reduccionismos, solo refleja la incomprensión de la problemática que atraviesa el país.
El delito y la violencia son tan viejos como la propia humanidad y no hay un lugar en el mundo, donde estos fenómenos no sucedan en mayor o menor medida. No importa si el sistema penal contempla pena de muerte como en Estados Unidos de América o es tan benevolente que sobran cárceles, como el de Noruega. Lo cierto es que la violencia y los delitos no se erradican ni se extinguen. Así las cosas, el punto es reducir al máximo posible las causas del evento delictivo, las agresiones, la crueldad y los conflictos sociales. Para ello, se debe entender que las causas del delito son múltiples: económicas, sociales, atizadas por políticas públicas criminales específicas, etcétera. Las causas pueden incluso referir a circunstancias individuales, tales como condicionantes siquiátricas.
En respuesta a la ola de violencia que se vive, la legislatura del estado de Nuevo León decidió modificar el artículo 17 de su Código Penal y, con ello, ampliar los supuestos de legítima defensa. En mi óptica, los legisladores dieron una respuesta simple a un problema grave y no consideraron las consecuencias potenciales. El concepto clásico de legítima defensa se refiere a quien rechaza una agresión real, actual e injusta en sus bienes o en la propiedad de terceros, para protegerse o para resguardar a terceros, siempre que exista necesidad y proporcionalidad en el ejercicio de la agresión. Ahora, el poder legislativo de Nuevo León lo amplió para que las personas puedan repeler los actos de una persona que trate de ingresar a sus hogares o a lugares que deban proteger. Los legisladores no contemplaron los conceptos de necesidad y proporcionalidad, ya que la ley permite matar al supuesto agresor. Me parece que detrás de esta modificación legislativa hay un mensaje sencillo: que los ciudadanos no tengan miedo de ir a la cárcel si matan a una persona que trate de ingresar a sus casas, negocios, etcétera.
La reforma en Nuevo León crea un arco de libertad para matar y responsabiliza al ciudadano de cuidar su casa, su negocio y su familia. Ya sabemos que la delincuencia está desbordada, que los cuerpos policiacos se pueden coludir y que dentro de los grupos delictivos podemos encontrar expolicías o exmilitares. Sin embargo, la respuesta no está en retroceder 100 años y delegar a cada persona la responsabilidad de cuidar su hogar. Ésta es tarea del Estado. Esto es, las personas deben estar tranquilas en su casa, no por la capacidad de matar al agresor, sino porqué el Estado realiza su labor de protegerlas. Los mexicanos debemos estar seguros en nuestros negocios porque el Estado se encarga de generar las condiciones para vivir en mediana paz. El Estado se debe hacer responsable de nuestra seguridad y la de nuestros bienes. El Estado no debe delegarnos la responsabilidad de cuidarnos.
Una imagen práctica de la propuesta de la legislatura de Nuevo León está en el reciente caso del ciudadano ruso Aleksei Makeev, quien, sin duda, es una persona disfuncional dentro de la comunidad política en que vivía ¿Qué hizo el Estado ante las evidencias del comportamiento de Makeev? La respuesta es nada. Por ello, la ciudadanía decidió entrar a su casa y hacer justicia de propia mano ¿Qué hizo la policía? Nada. El ciudadano ruso en legítima defensa privó de la vida a una persona que allanó su domicilio y lesionó a otra. Si esto hubiese ocurrido en el Estado de Nuevo León, bajo la nueva normatividad, se entendería que el ciudadano ruso podía matar a todas las personas que se agolpaban a la entrada de su casa. El ejemplo es elocuente sobre las implicaciones de una reforma que no logra que las reglas de la legítima defensa sean razonables, sino que proporciona una licencia para matar.
Necesitamos exigir que el Estado resuelva las causas de la violencia que está ahogando al país, para que logremos una sociedad estructurada y armónica. No necesitamos que el Estado nos eche pedazos de madera para que cada quien flote en este caótico mar por su cuenta. Aleksei Makeev y sus vecinos ya nos enseñaron cómo es la justicia de propia mano, que lástima que la legislatura de Nuevo León siga sus pasos.