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Legitimidad moral

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

El concepto de “legitimidad moral” es un poco complicado de explicar. Para eso primero tenemos que saber en qué consiste la legitimidad a secas. Veamos. En el caso de la política podría tener varios significados; el primero nos dice que la legitimidad es aquella condición en la cual un gobierno se hace obedecer sin tener que recurrir a la coacción; la segunda acepción nos dice que es cuando los ciudadanos creen que su gobierno es el mejor que podrían tener, de entre todas las opciones (y por ende lo obedecen).

La legitimidad política es un concepto que viene desde mucho tiempo atrás (Nicolás Maquiavelo ya lo utilizaba en sus escritos y teorías). ¿Qué es entonces la legitimidad moral? Pues sin afán de nada, y a manera de explicación simplista, es cuando una persona, gobierno o institución tiene ciertos principios y valores que son reconocidos como los mejores que podría tener, y por ende, se demuestran a sí mismos como tales sin necesidad de imponerlos de ninguna forma. Debo admitir que la palabra “moral” no es mi preferida, pero la utilizaré coloquialmente en este artículo. ¿Cuáles son algunos de esos principios de las instituciones públicas y los gobiernos de hoy en día? La democracia, la libertad, la seguridad, el desarrollo, el bienestar, la igualdad, etc. Todo aquello que avance estos valores y principios tiene por ende –y para efectos de este artículo– legitimidad moral.

Pues bien, traigo a cuento todo esto porque lo que trato de decir es que en la nueva relación de México con Estados Unidos, nuestro vecino del norte ha perdido cierta legitimidad moral (de la cual se jactaba en épocas anteriores) y la ha cambiado por el pragmatismo de dar paso a los contrasentidos de dichos principios y valores (el nacionalismo por encima de la pluralidad, el conservadurismo por encima de la libertad, etc.). Y esto le ha hecho entonces perder esa condición en la cual muchas naciones reconocían los avances que se habían logrado en su territorio durante tantos años. La pregunta entonces es: ¿Cómo México puede posicionarse en esta nueva correlación de fuerzas y de valores?

Nuestro país está llamado a ser quien defienda esos principios que nos dotan de “legitimidad moral” en el terreno nacional e internacional. El mundo ha comenzado a reconocer que, a pesar de los muchos problemas que tenemos y de lo complicado que podemos llegar a ser, tenemos principios honestos, claros y nítidos que nos caracterizan como país y como sociedad. Si bien falta mucho por avanzar, México tiene que ser el que ponga el ejemplo. Sobretodo en este momento en que muchas cosas serán discutidas con Estados Unidos y su nueva administración, debemos ser quienes tengan la ventaja de tener legitimidad moral para negociar nuestras posiciones y para presentarnos a nosotros mismos como sociedad, como país y como nación. México tiene inmensa legitimidad moral (muchos dirán que no), pero yo estoy convencido (viendo a mi país desde Washington, precisamente) que tenemos un capital enorme de legitimidad moral que tenemos que poner a trabajar de inmediato. Por supuesto que faltarán muchas cosas por avanzar, pero mientras eso sucede, en México queremos más igualdad, más libertad, más democracia y más seguridad, por encima de mayor nacionalismo, mayor xenofobia, mayor proteccionismo y menos libertad. Tenemos todo con que presentarnos a las mesas de diálogo y ganar la partida en términos de legitimidad moral. Manos a la obra
@fedeling