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Liberalismo sociopolítico y liberalismo económico / Héctor Luna de la Vega

  • Héctor Luna de la Vega

La conjunción de Crecimiento Económico y el Desarrollo Social para potenciar la prosperidad, expresada en mi artículo anterior, requiere profundizar en reflexiones entre el poder del Estado (liberal de derecho) y la ciudadanía (social de derecho).

Norberto Bobbio conceptualiza los poderes del Estado liberal con funciones limitadas, en contraposición a los excesos del Estado absoluto. Michelangelo Bovero, expresa al “liberalismo… como idea regulativa para la elaboración de un sistema de fines y estrategias políticas, principio de libertad individual”.

El politólogo italiano distingue dos elementos esenciales: el liberalismo político (libertades civiles fundamentales y de elección) y el liberalismo económico (libertad de iniciativa económica y de mercado). El centro doctrinario del liberalismo político son los derechos del hombre: libertad, igualdad, propiedad privada y seguridad, los cuales afloran en la Francia del siglo XIX.

El liberalismo económico, identificado también como liberalismo manchesteriano, surge en el Imperio Británico en el mismo siglo, asociado a la revolución industrial y promoviendo un libre cambio sin condiciones y una libertad económica ilimitada. Economistas, comerciantes e industriales rechazaban todo tipo de restricción, fundados en los escritos de Adam Smith.

En el caso de nuestro país, contamos como antecedente a la Constitución de Cádiz de 1812, promulgada por las Cortes Generales de España, siendo la de mayor pensamiento liberal de su tiempo, dando la soberanía a la nación y ya no al rey, perfilándose una Monarquía Constitucional con separación de poderes y estableciendo el sufragio universal, con la libertad de imprenta y la libertad de industria. Incorporaba como ciudadanía española no solo a los originarios de la Península, sino a todos los nacidos en territorios americanos.

Esa constitución contó con pensamiento y redacción de representantes americanos como el mexicano Miguel Ramos Arizpe, construyéndose monumentos destruidos por Fernando VII, quien dio un vuelco absolutista, conservándose algunas plazas como la de Montevideo y el Zócalo de la Ciudad de México, desde entonces nuestra Plaza de la Constitución.

A lo largo de los años se produjo una diferenciación entre el liberalismo político clásico y el liberalismo social, a partir de las ideologías a favor de la clase obrera. En 1891, el papa León XIII da nota de la cuestión social y las condiciones de vida de los obreros, surgiendo así la doctrina del liberalismo social de la Iglesia.

A partir de los criterios del Consenso de Washington se da un énfasis al liberalismo económico identificado ahora como neoliberalismo, sustentando al crecimiento económico sobre los criterios de igualdad y justicia. En esa vertiente característica del siglo XX, se privilegia el modelo financiero y hacendario prevaleciente en la mayoría de los países.

La libertad de crecer en oportunidades de prosperidad y con una mayor distribución de la riqueza, sustentable en el largo plazo, fortalece las virtudes políticas del ejercicio del poder del Estado.

Las libertades (económicas y políticas) sustentadas en los derechos sociales, requieren de redefiniciones más allá de modelos académicos enseñados en el extranjero. Recuerdo haber leído “insertemos a México a partir de los norteamericanos nacidos en México” (vía los posgrados).

Continuará…

hectorluna2026@gmail.com