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Liberalizar la mota… ¿y las demás drogas? / Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Sin duda, la Suprema Corte tomó una decisión trascendente al otorgar el amparo a quienes solicitaron poder poseer, cultivar y consumir la marihuana. A pesar de ser estrictamente conforme a derecho, la decisión abre una caja de Pandora de enormes dimensiones. Otros solicitantes intentarán seguir el mismo camino, incluso ampliar lo a otras drogas, y entonces los ministros de la Corte deberán resolver considerando tanto implicaciones de salud como los convenios internacionales suscritos.

Todas las drogas pueden originar serios problemas de salud pública. Causan adicción en distintos grados y conducen al deterioro de la salud de sus usuarios, llegando incluso a la locura y a la muerte. Las familias de los usuarios también sufren y pueden llegar a la bancarrota o a su disolución.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, las drogas no estuvieron reguladas. Fue apenas a principios del siglo XX que China puso un alto al comercio de opio, cuando en 1906 casi una cuarta parte de su población masculina adulta estaba bajo los influjos de la droga. Contra la mayor epidemia de abuso de drogas que ha asolado al mundo, prohibió el consumo y el comercio del opio, enfrentando a las empresas comerciales inglesas. Finalmente, organizó la Convención de Shanghái para el Control del Opio, en 1909. Con este control, y el de tres acuerdos internacionales posteriores, la producción del enervante se redujo un 70 por ciento en el mundo.

Sin ese acuerdo se estima que, con la tendencia del comercio mundial, la producción de opio ahora sería 13veces mayor que la actual. Otras drogas tendrían también un crecimiento similar si no estuvieran controladas. Su alto precio, debido a su carácter de sustancias prohibidas, inhibe también el consumo.

Como los efectos de la marihuana y los del opio tienen una dimensión distinta, sería terrible si el principio de que el Estado no debe legislar el derecho al uso personal se intenta extender a todas las drogas. La Suprema Corte deberá meditar antes de otorgar amparos para el uso privado de las drogas duras como el opio, la cocaína o anfetaminas.

Legalizar el uso recreacional de cualquier droga reducirá su precio, facilitará el aumento de su consumo y del número de usuarios, con la consiguiente afectación a la salud pública. Eliminar las condiciones que inhibieron la mayor epidemia de abuso de drogas, conducirá al aumento exponencial del consumo y de los problemas de salud pública.

México no es una isla en el mundo, somos parte de un sistema internacional de control de drogas (UNODC, parte del sistema de Naciones Unidas) y la Suprema Corte tendrá que encontrar una solución aceptable a México, pero también al mundo. Cuando llegue el tiempo de revisar otros casos, la Suprema Corte tendrá que tomar en cuenta las convenciones firmadas por México para inhibir el consumo de drogas al emitir su fallo.

La consecuencia más grave sería para la sociedad, y para el Gobierno federal, pues tendría que pre pararse para el inmenso problema de salud pública que causaría una decisión más amplia de la Suprema Corte.
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