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Libertad bajo palabra

  • Pedro de León Mojarro

El futuro de los niños mexicanos

“Los niños y los jóvenes son los árboles que mañana nos darán sombra”.

Anónimo.

La Convención sobre Los Derechos del Niño en su Artículo 27 dice que:

“Los Estados partes reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental espiritual y moral”.

“Los Estados Partes, de acuerdo con las condiciones nacionales y con arreglo a sus medios, adoptarán medidas apropiadas para ayudar a los padres y otras personas responsables por el niño a dar efectividad a este derecho y, en caso necesario, proporcionarán asistencia material y programas de apoyo, particularmente con respecto a la nutrición, vestuario y la vivienda”.

México en septiembre de 1990 ratificó su adhesión a la Convención Internacional; no obstante, aún estamos muy lejos de crear las condiciones para dar efectividad a todos los derechos plasmados en ella.

En el año 2000 México se comprometió a cumplir los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” de Naciones Unidas, en el que se establece:“erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; reducir la mortalidad infantil; y fomentar una asociación mundial para el desarrollo”.

El pasado 30 de abril, como todos los años festejamos “El Día del Niño”. Lamentablemente esta como todas las celebraciones (mayo está bien cargado) se concretan a festejos y acciones consumistas, bolos, piñatas, payasos, regalos, festivales, etcétera, pero poco aprovechamos esa fecha para reflexionar sobre la realidad actual de las niñas y los niños, pobreza, abandono, maltrato, trabajos forzados, violaciones a sus derechos y otros evidentemente no forman parte de la conmemoración de “El Día del Niño”.

Por eso sin ánimo de ser aguafiestas, deseo en esta entrega llamar la atención sobre la realidad de la niñez mexicana. La semana pasada, previo a la celebración del “Día del niño” el Coneval y la Unicef presentaron el informe “Pobreza y derechos sociales de niños y adolescentes 2014”.

Según el informe 11.5 por ciento de la población infantil y adolescente en el país (4.6 millones) se encontraba en pobreza extrema en 2014, al tener carencias en el ejercicio de tres o más de sus derechos sociales. Evidentemente los niños, niñas y adolescentes en hogares indígenas son los más perjudicados. Junto a la desnutrición, la obesidad infantil hoy en día representa un verdadero problema.

Más allá de los datos estadísticos la pobreza afecta el desarrollo físico, mental, emocional, social, familiar, no se diga en el tema de autoestima y dignidad humana.

Ciertamente la falta de ingreso familiar es la causa principal de la pobreza, que evidentemente afecta a las niñas, niños y jóvenes. Pero no es solo la falta de ingreso, los apoyos de Prospera, me consta, bien aplicados, y esto es responsabilidad principalmente de las madres de familia, son suficientes para garantizar la nutrición, alimentación, educación y salud de los niños, el problema es que tanto la familia como las instituciones se han descuidado.

Los apoyos de Prospera junto con los recursos que manejan en el DIF Nacional y los estatales, debidamente aplicados y mezclados, bajo riguroso programa, con recursos municipales y de las propias familias beneficiarias, son suficientes para asegurar que el 100 por ciento de niñas, niños, y jóvenes que lo necesitan, estén bien alimentados, todos en la escuela y con su salud asegurada. Lo único que hace falta es pensar en las niñas, niños, con responsabilidad desde la familia y las instituciones.

Las niñas, niños y jóvenes representan lo más valioso de la sociedad, si no se atienden desde el nacimiento y su desarrollo los condenamos a ser ciudadanos de segunda como lamentablemente está ocurriendo desde hace varios años.

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Sitio Web: www.pedrodeleon.mx

*Miembro de Unidos Podemos A.C.