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“Lichita”, producto de amor / Una raya a la ignorancia / Juan Osorio

El mundo es un lugar muy distinto de acuerdo a tu género. Solo tenemos que fijarnos en las descripciones que se hacen de los seres humanos. A las mujeres les decimos que son hermosas, bonitas, o feas. A los hombres les decimos que son guapos, varoniles o feos. Aunque a veces, tenemos la ventaja de que la fealdad se cobija en una característica descrita por los abuelos: feo, fuerte y formal, las tres efes. Para algunos que lo necesitamos, es un bálsamo, jaja. Y la verdad es que, cuando los hombres lo asumimos, nos rodeamos de un contexto que nos permite crecer en sociedad. Nos forjamos en nuestro carácter y a través de él somos reconocidos. Mientras que por otro lado, a los hombres que tuvieron la fortuna de nacer atractivos, las puertas se les abren y se les brinda un universo de posibilidades.

Sin embargo, para las mujeres no existe una descripción ganadora. A una mujer hermosa físicamente no se le da la oportunidad de mostrar que es inteligente y se ve forzada a escudarse dentro de la belleza que la vida le dio. Por otro lado, aquellas mujeres que no obtuvieron esa gracia, no se les permite mostrar su interior. Con esto, nos damos cuenta de una terrible realidad actual: las mujeres encuentran en la belleza física un arma de doble filo. En ambos casos, en esta sociedad machista en la cual vivimos, a la mujer se le niega la
oportunidad de mostrar más allá de su apariencia.

Les cuento que esto tiene que ver con una gran propuesta que hace Rosy Ocampo en Antes Muerta Que Lichita. Nos encontramos frente a un producto cuidado en todos los sentidos: reparto, dirección, fotografía, redes sociales, todo dentro de un marco de producción del más altísimo nivel. Es tal la calidad del contenido, que nos encontramos frente a una propuesta muy particular: no es una novela típica. Tenemos un producto hecho con pretensiones de divertir a través de personajes fársicos y coloridos; una experiencia que permite a las familias reunirse en sus casas después de un día de trabajo y estrés. Sin embargo, desde el primer momento, nos encontramos con que el personaje de Lichita fue juzgado por su apariencia. Desde el inicio, se le etiquetó como si fuera Betty La Fea y no se le dio la oportunidad de mostrar su interior. No se le permitió mostrar que es una mujer aspiracional e inteligente y que a pesar de sus aparentes carencias físicas, evolucionará por completo hasta convertirse en alguien completamente distinta. Y lo mejor, es que la transformación se ve detonada a través de su gran virtud.
w Un individuo completo

Carla Lonzi, teórica del feminismo, establece: “La mujer, tal como es, es un individuo completo: la transformación no debe producirse en ella, sino en cómo ella se ve dentro del universo y en cómo la ven los otros”. ¿Hasta dónde somos responsables de esta marginación, racismo y discriminación? Nos encontramos en un país con una urgente necesidad de evolucionar, no solo en la tecnología, sino en la calidad humana; en reconocer a las personas no por su apariencia, sino por las ideas que pueden transmitir. Creo que en ese sentido, Antes Muerta que Lichita es un producto de amor. Es un producto que hay que observar y entender que es un grano de arena para cambiar nuestra perspectiva de la
sociedad. Éste es mi sueño de amor.