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Línea 7 de buena suerte

  • Ramón Ojeda Mestre

Este año que termina en siete ha sido de buena suerte para la línea siete del llamado Metrobús y decimos que de buena fortuna porque gracias al clima de libertades comunicacionales que se viven en el siglo XXI, hemos podido conocer los más variados puntos de vista respecto al llamado Metrobús al igual que los criterios de movilidad, de transporte, de comunicación, de negocios, del derecho y de los juzgadores y sobre todo de los medios impresos, electrónicos y de toda taxonomía.

Quizá lo fundamental ha sido conocer que hay un encuentro frontal entre las instituciones y de éstas con los ciudadanos. El hecho concreto es que prácticamente no ha habido censura, “ni para tirios ni para troyanos”, e incluso para los ventrílocuos que nos han utilizado a unos y a otros para sacar castañas con la mano del gato. En verdad os digo que el poder público se ha dejado ver en toda su magnificencia, pero tampoco niego que los ciudadanos, sean vecinos alebrestados o razonantes e incluso académicos, también hemos podido decir claro y en voz alta, hasta donde “Dios nos da a entender” lo que hemos considerado bueno o malo de los proyectos, acciones o tropelías tropicales del Leviathán. Sí, la Rex tremendae majestatis de que hablaba el inmortal masón John Wolfgang Amadeus Mozart en su Réquiem famoso se ha hecho sentir ad nauseam (hasta la náusea).

Sin embargo, los ciudadanos aún en Dies irae (Día de la ira), no han dicho: Rex tremendae majestatis, qui salvandos, salvas gratis, sálvame fons pietatis y han acudido mejor al camino de la ley, de la impartición de justicia y de la aplicación estricta del derecho, dejando en manos del juez 8 de Distrito en materia administrativa que tomara la decisiones pertinentes y dicho juzgador dictó dos decisiones históricas: o tres diría yo, la primera, aceptar el Juicio de Amparo Indirecto, de acuerdo con el artículo 107 de la Ley de Amparo que señala que el amparo procede contra actos que sean de imposible reparación, que afectan materialmente derechos sustantivos tutelados en la Constitución como el derecho a un medio ambiente sano del art. 4º y en los Tratados Internacionales, como los de derechos humanos al medio ambiente, la cultura y la ciudad.

Adicionalmente, emitió otra histórica resolución al dictar una suspensión provisional inmediata para tratar de evitar que se siguieran causando los daños inminentes y, una vez escuchadas las partes y vistos los documentos y criterios que el gobierno y los ciudadanos presentaron a través de la Academia Mexicana de Derecho Ambiental y de su brillante presidente Rolando Cañas Moreno, concedió la histórica suspensión definitiva de los hechos reclamados y obligó a que quedaran en evidencia muchos de los aspectos que no se habían cumplimentado en tiempo y forma por Secretarías diversas del gobierno de la ciudad.

A toro pasado, el aparato oficial intentó desfacer entuertos y evidenció cuáles aristas sustanciales no habían sido cumplidas durante las diversas etapas de un proyecto costosísimo, económica, ambiental, histórica, cultural, estética, urbanística y publicitariamente, aunque el gobierno decidió, sin esperar la sentencia, cuestionar las determinaciones del prestigiado juez de Distrito e interponer un recurso ante el Tribunal Colegiado de Circuito que ya conoceremos.

Más allá del ruido o de la alharaca que las partes estén causando, el caso se encuentra en terrenos de la justicia federal, y sus consecuencias o particularidades en el infinito campo de la comunicación social. Supremae legis servis sumus ut liberi esse possimus (somos siervos de la suprema ley para poder ser libres).

rojedamestre@yahoo.com