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Llegó y conquistó / Punto de Vista / Jesús Michel Narvaez

  • Jesús Michel

Puntual. Así arribó el avión que trasladó a Francisco a suelo mexicano. Venía de La Habana en donde se reunió con el número uno de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Un encuentro pospuesto por mil años. Allá, en la tierra del comunismo acendrado desde hace 57 años, las dos Iglesias fijaron las bases para caminar juntas.

Aquí, en el hangar presidencial, lo esperaba el presidente Peña con su esposa Angélica. Hacía frío y había viento. La puerta de la nave se abrió y la figura del hombre blanco vestido de blanco apareció. Aplausos. Coros. Porras. La fácil sonrisa del Sumo Pontífice brotó. Y no dejó de mostrarse durante los 49 minutos que permaneció. Rompió el protocolo. Dejó la alfombra roja y se dirigió hacia los cantantes. Después hacia las tribunas. Y escuchó: “Francisco, hermano, ya eres mexicano”.

El frío clima desapareció con el calor humano concentrado en las tribunas. Abrazos a parapléjicos. Bendiciones para todos. El “Huapango de Moncayo” quedaba como fondo musical, mientras los cinco mil invitados por la Presidencia de la República, aplaudían, lloraban, lanzaban vivas y demostraban su catolicismo.

Presentación de comitivas. Larga charla con la procuradora Arely Gómez. Necesario agacharse para escuchar a Virgilio Andrade. Se esperaban dos mensajes: uno del Papa y otro de bienvenida del presidente Peña. No se pronunció ninguno.

Después. Ingreso a las salas del hangar. Breve, muy breve. Salida y despedida, mientras personalmente se colocaba el abrigo blanco. Subió al papamóvil y por todo Río Churubusco hasta la Nunciatura. Allí, el clímax. Esta mañana le cantarán “Las mañanitas” y de inmediato a iniciar las actividades. Una tras otra. Larga jornada para Francisco.

E-mail: jesusmicheldir@oem.com.mx