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Lo dicho: La forma es fondo…

  • Gabriela Mora

Respecto a las derrotas que el partido en el poder sufrió el pasado domingo, no podemos más que concluir en la responsabilidad que tuvo la dirigencia del tricolor, sí, pero hemos de considerar también las culpas del Gobierno federal a la luz del hartazgo de los mexicanos respecto al sistema político, económico y social que estamos viviendo.

El 5 de junio, los mexicanos manifestamos abiertamente el cansancio derivado de la corrupción del PRI, de su incapacidad para combatir el crimen callejero y de la insatisfactoria situación económica en que nos encontramos, con lo que el gran ganador del proceso electoral ha sido el Partido Acción Nacional (PAN), con siete gubernaturas de las 12 que estaban en juego… Solo o en alianza con partidos más pequeños –empezando por el PRD-, pero en Acción Nacional se respiran aires de grandeza y serias aspiraciones para retomar el poder en el 2018.

Si bien es cierto que en agosto del año pasado, Manlio Fabio Beltrones recibió un partido deteriorado por los escándalos de corrupción (Casa Blanca y Malinalco) y de derechos humanos (Ayotzinapa y Tlatlaya), el “viejo y experimentado lobo de mar” sabía que para remontar habría de enfrentar varios obstáculos cuyo radio de acción estaba fuera de sus márgenes de operación política.

Tal es el caso de la corrupción, de la que independientemente del priísmo y sus militantes, no se salva ninguna de las fuerzas políticas existentes en este México nuestro: véase a Guillermo Padrés en Sonora, Mario López Valdés en Sinaloa y Gabino Cué en Oaxaca, gobernantes bajo las siglas del PAN y del PRD; no obstante, durante el último año parece que, desde la Presidencia se decidió proteger a gobernantes y exgobernantes de todos los partidos incluyendo a los priístas Humberto Moreira de Coahuila, Fidel Herrera en Veracruz, Rodrigo Medina en Nuevo León, César Duarte de Chihuahua, Javier Duarte en Veracruz y Roberto Borge en Quintana Roo, ahí nomás.

Así pues, si el tricolor pudiera no ser el partido más corrupto ¿?, el domingo pasado se evidenció ante su pasividad para abolir la corrupción, y es ahora momento oportuno para que Enrique Peña Nieto acepte que la corrupción en México es más que un problema cultural al que la sociedad está dispuesta a combatir, incluso en las urnas. Solo dos años restan al Presidente para definir el papel que desea ocupar en la historia de México; aún hay tiempo para corregir algunas de las muchas contradicciones que hoy nos dominan.

Pero lo cierto es que el PAN ha renovado sus expectativas de triunfo y varios han sido los actores políticos del partido que han comenzado a manifestarse: Comencemos con el “carismático y siempre protagónico”, Vicente Fox, quien de inmediato dijo que “el partido ya no tiene que buscar, pues su candidata es Margarita Zavala…”

En segundo término, otro de los aspirantes más viables, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, anunció que una vez que concluya su mandato, se incorporará de tiempo completo a las tareas partidistas para buscar la nominación.

Y en tercer lugar, el propio presidente de Acción Nacional, Ricardo Anaya, ha comenzado a “volar igual que las gaviotas…”

Así las cosas, el 5 de junio del año en curso ha marcado un antes y un después: hasta antes de la fecha, la mayoría de los analistas, observadores y aficionados a la política, pensábamos que para el 2018 la situación se polarizaría entre el PRI, hasta entonces la mayor fuerza partidista del país, y el Pejemoreno Andrés López… No era fácil adivinar que el enojo ciudadano se reflejaría de tal forma en los Estados, canalizándose a favor del PAN.

Sin embargo, hemos de reconocer que el éxito panista se basó en la atinada selección de candidatos, se mostró unidad partidista, lanzaron campañas con mensajes anticorrupción y se capitalizó el enojo ciudadano de gobiernos ineficaces, autoritarios y corruptos.

Luego de los nuevos bríos panistas, solo queda esperar que la gestión de sus gobiernos y la atinada selección del candidato presidencial panista, continúen fortaleciendo la carrera blanquiazul hacia el 2018, sin olvidar el próximo relevo en el Estado de México, consabido laboratorio electoral…

Del PRD, no hay qué hablar… sus tribus volvieron a exponer sus diferencias y ahí quedó, con las ganancias aportadas por sus alianzas con el blanquiazul…

Lo dicho: En política, la forma es fondo, oh sí!!!

gamogui@hotmail.com